Los días pasaban y Nina se dedicó a evitar por completo a su padre y Laura. Después de la universidad, se iba al Britania para pasar el resto del día distrayéndose con clases de esgrima; de niña solía tomarlas, pero cuando su madre murió las dejó de lado. Shaina seguía sin querer dirigirle la palabra, pero no era el caso de Martín quién no perdía la oportunidad de saludarla cuando se le presentaba, pues se habían hecho buenos amigos. En cuanto a Román, su relación se había vuelto estrictamente de trabajo, pues la ocasión en que Nina se quiso disculpar, Román marcó un límite para que solo le hablara por trabajo, pero después se arrepintió y quiso pedir disculpas, pero ella no accedió, no le dio oportunidad siquiera de intentarlo. ―¿Ya hablaste con tu padre? ―cuestionó Martín una tarde

