**ELARA** Cuando finalmente llegué a mi casa, me detuve frente a la puerta, mirando alrededor para asegurarme de que nadie me seguía. Mi respiración era pesada, como si hubiera corrido una maratón, pero no era cansancio físico, era el peso de la incertidumbre. Giré la llave con cuidado, tratando de no hacer ruido, y empujé la puerta lentamente. Entré y cerré detrás de mí con un alivio que se sintió como un respiro después de estar bajo el agua demasiado tiempo. La sala estaba oscura, iluminada apenas por la luz tenue que entraba desde la calle. Crucé el espacio casi a tientas, subiendo las escaleras con esfuerzo. Cada paso era una batalla contra el dolor en mi espalda y el raspón en mi pierna que no dejaba de arder. Al llegar a mi cuarto, cerré la puerta y me dejé caer en la cama como si

