**WALDINA** Por un momento, nuestras miradas se cruzaron. Fue un instante fugaz, pero lo sentí como una eternidad. Sus ojos eran un muro impenetrable. No había rastro de lo que pasó anoche, ni una sombra de emoción que delatara que habíamos compartido algo más que palabras. En ese momento lo entendí: éramos dos extraños otra vez. Él no era más que mi guardaespaldas, el hombre encargado de protegerme, y yo… yo no era más que su responsabilidad. Me quedé sentada en la cama, en silencio, dejando que esa verdad se asentara en mi pecho como una piedra pesada. No había lugar para sentimentalismos ni para confusiones. Lo sabía desde el principio, pero anoche… anoche había decidido ignorarlo. Había decidido ser solo Waldina, no la Waldina correcta, la Waldina calculadora y prudente. Había sido s

