**ELARA** Salí al garaje y ahí estaba ella, esperándome como siempre, brillante y poderosa. Pasé la mano por su manillar con cariño, casi como si le hablara en silencio. “Hoy es nuestro día”, pensé mientras revisaba rápidamente que todo estuviera en orden: frenos, aceite, neumáticos… todo perfecto. Cuando encendí el motor, el rugido llenó el espacio y me hizo sonreír aún más. Era un sonido que siempre me erizaba la piel, un recordatorio de que estaba viva y lista para cualquier cosa. Subí a la moto y sentí cómo el mundo se acomodaba bajo mis pies. Todo estaba en su lugar. El camino hacia el lugar del evento fue como una especie de preludio emocionante. La brisa fría de la noche golpeaba mi rostro mientras aceleraba por las calles casi vacías. Cada semáforo en verde era una invitació

