**ELARA** Han pasado ya dos semanas desde que llegué al apartamento de Julián. La verdad, no pensé que me sentiría tan bien aquí. Es un espacio pequeño, pero tiene algo que me hace sentir en paz. Quizá sea el silencio, o tal vez sea él. Julián siempre ha tenido esa energía tranquila, como si nada pudiera alterarlo. Y eso, en medio del caos que era mi vida antes de venir, es un alivio enorme. Cuando llegué, estaba hecha un desastre. No solo físicamente, con ese tobillo torcido que me obligó a pedirle ayuda, sino también mentalmente. Mi casa era un torbellino constante: las discusiones con mi madre, los comentarios pasivo-agresivos de mi padre y esa sensación de que nunca hago nada bien. Aquí, en cambio, todo es diferente. No hay gritos, no hay miradas de desaprobación. Solo está Julián, c

