Nathaly Rodríguez. Lo que sucedió esa mañana no me pareció extraño, pero tampoco es como que lo hubiera esperado. Había pasado ya un día desde que tuve que doparla y horas después de eso ella, tranquilamente había despertado aunque claro, resentida y sin querer hablarme. Ese día anterior había tenido una crisis de agresividad, un ataque de ira y presencia de delirios, fue parte de mi obligación ayudarla a mantenerse tranquila, llevando a cabo un cálculo rápido y sabiendo que había que administrarle otros medicamentos, cambiarle los que ya tenía puesto que estos no le surtían el efecto esperado. Y allí, en medio de ese pensamiento repetido, en el que consideraba que quizá es que ella en realidad no se estaba tragando las pastillas, esta se levantó de su cama a la hora del desayuno, dio pa

