Haciendo caso a las palabras de mi mejor amigo, salgo del departamento prácticamente corriendo y gracias a Dios estaba vestida con una ropa decente, porque no me dio tiempo ni para colocarme algo mejor. Me subí al primer taxi que encontré vacío y le indiqué la dirección donde vivían Luciano e Isabella. Sentía una gran adrenalina correr por mis venas, porque el mensaje de Isabella no se prestaba para dobles interpretaciones; ella estaba llorando y pidiendo mi ayuda, lo que solo significaba que algo malo estaba ocurriendo en su casa. —Señorita, hemos llegado. Me apresuro en pagarle al taxista y luego me bajo de inmediato para correr hacia la entrada de la casa de Luciano. Toco la puerta con mis nudillos, esperando que me abran y poder ver qué ocurre con Isabella, pero unos gritos me desco

