Justamente el veintiséis de diciembre, Luciano llegó a buscarme al departamento de Sergio junto con Isabella, pues, dada a la emoción de las celebraciones del veinticuatro en la noche y la salida grupal del veinticinco, olvidó darme su segundo regalo. ¡Y qué regalo! Unos boletos en avión hacia Las Bahamas, donde pasaremos los próximos días, hasta aproximadamente el cinco de enero. Un viaje que sin ninguna duda, jamás me lo hubiese podido dar con mi sueldo en la empresa. ¡Joder! No quería acostumbrarme a una vida de lujos, pero, Luciano no ayudaba en nada con esos planes. Aprieto la mano de Isabella, quien se mantiene prácticamente pegada a la ventana del auto que nos lleva al resort, sus labios se mantienen separados y sus pequeños ojos, bastante brillosos, lo que me provoca una enorm
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