—¿Qué… haces aquí? —preguntó con el rostro mojado y la cara llena de dudas Viktor la miraba impactado, sus ojos la espiaron con rapidez, sentía que no la había visto en años, aunque solo habían pasado unos días, le pareció que venía del mismo infierno, estaba demacrada, más delgada y despeinada, además era visible un golpe en su labio y en la frente —¿Qué te pasó en el labio y en la frente? ¿Quién te hizo eso? Ella esbozó una sonrisa insolente que se mezcló con una mirada cristalina al borde de las lagrimas —Responde tú, ¿Qué haces aquí? —Yo… —Viktor bajó la mirada, se sintió ridículo ¿Qué iba decirle? Aclaró su garganta—. Estoy aquí porque quiero respuestas, Rosaleen. Ella frunció el ceño, consternada —Todavía no tienes recuerdos —afirmó —Te equivocas, lo recuerdo todo, ahora no

