Los sollozos le llegan suaves y dolorosos. Camina hasta el baño y se encuentra a Petra sentada en el suelo al lado de la tina abrazando sus piernas, corre hacia ella y la abraza con fuerza. —¿Cariño, por qué estás así? —le pregunta con dulzura. —Porque me quitaste a mis hijos… —sorbe la nariz y cierra los ojos, haciendo un puchero que a Piero le remueve todo. Es obvio que las hormonas todavía la dominan y no es que le agrade la idea de separarse de sus hijos, pero era necesario—. ¿Cómo pudiste hacer que se los llevaran sin preguntarme antes? —Amor, los gemelos son demandantes. Requieren cuidados cada cierto tiempo y ni siquiera por las noches somos capaces de esperar que duerman más de cuatro horas seguidas y hay cosas que quiero hacer con mi esposa —ella lo ve a los ojos y solo allí re

