No había nadie en la sala, estaba completamente vacía y en silencio, solo un par de maletas reposaban en una esquina, testigos de historias desconocidas que no le interesaban en lo más mínimo descifrar. El aire denso y pesado flotaba en la atmósfera. Apartó la mirada de la sala desolada y la dirigió hacia lo alto de la imponente casa, mientras un impulso irrefrenable se apoderaba de su ser, sentía unas ganas casi obsesivas de subir y buscar por cada rincón, cada recoveco, cada espacio que pudiera ocultar lo que tanto anhelaba encontrar. La imaginaba agazapada en cualquiera de las habitaciones, escondida entre las sombras de los pesados cortinajes, conteniendo la respiración y esperando que él se marchara convencido de su ausencia, pero la voz áspera y autoritaria de Odrin lo arrancó de

