Emilia, que desde que entró al lujoso coche n***o se sumió profundamente en sus pensamientos inquietos y perturbadores, finalmente decidió romper el denso silencio que reinaba en el ambiente—. Yosef, ¿Dónde fue tu jefe? ¿Por qué no está aquí? —el hombre que manejaba con expresión sombría permaneció completamente callado. Emilia, intranquila, pensó que seguramente su esposo le había prohibido estrictamente hablar con ella cuando estaban a solas. En el poco tiempo que llevaba conviviendo con Iker en aquella villa imponente, había aprendido a conocer sus manías y costumbres, incluso las de Josef, pues era característicamente reservado y de muy pocas palabras cuando se encontraba al volante. —Este definitivamente no es el camino habitual a casa —dijo ya visiblemente preocupada mientras obse

