VII EL NUEVO DOMÉSTICOEl duque no enseñó a la señora Chermidy la carta de la condesa, pero le hizo leer la de Germana. —Ya ve usted—le dijo—; ha adelantado la mitad del camino en su curación. Ella se esforzó en sonreír y respondió: —Usted es un hombre dichoso; todo le sale bien. —Menos el amor. —¡Paciencia! —No se puede tener mucha a mi edad. —¿Por qué? —Porque no hay tiempo que perder. —¿Quién es ese viejo Gil que le trae las cartas? ¿un correo? —No; es un ayuda de cámara que pide un substituto. La señora de Villanera encarga a la duquesa que le busque un buen criado. —Eso no es fácil en París. —Hablaré al mayordomo de mi amigo Sanglié. —¿Quiere usted que yo, por mi parte, le ayude también? Le Tas5 tiene siempre media docena de criados en la manga; es una verdadera agencia d

