NARRA BRIAN Cuando la aguja fría se clavó en mi piel no evité pegar un gritito, que para mi mala suerte sonó muy afeminado. j***r. El tatuador no dijo nada, pero Ian sí que soltó una risa burlona. -La primera vez siempre duele, cariño – dijo el rubio. -Ay, cállate – dije, sintiendo como si la aguja estuviera rompiendo mi piel. Sí, me estoy haciendo un tatuaje. Siempre quise hacerlo, pero por eso de que los bailarines de ballet debemos tener nuestras pieles limpias no había podido. Pero ahora que ya no soy bailarín, no hay impedimento alguno, y ese fue el regalo que Ian me ha dado de navidad. Pagarme mi primer tatuaje. -Mi madre de seguro me preguntará esta noche en la cena por qué tenga cara de adolorido – dije, cuando salimos del local. Me he hecho un tatuaje de un ala de ángel,

