El día comienza de forma tranquila y pacífica para mí. Después de la pelea monumental, el sexo de reconciliación y la discusión por la maldita llamada de Vandria, Dylan y yo decidimos dormir en habitaciones separadas. De hecho, fui yo la que me escabullí a una de las muchas habitaciones de huéspedes en esta villa para poder darme mi tan merecida ducha y después dormir unas horas. Afuera de la ventana puedo escuchar el leve trinar de las aves anunciando al mundo que el día ya ha comenzado y debo levantarme. Tengo muchas cosas por hacer, incluida la cita a las siete de la mañana con la psicóloga María. Y esta vez, ambos iremos, pues tenemos muchas cosas que aclarar los dos en la terapia de pareja. No voy a mentirte, tengo un poco de miedo debido a lo que hablaremos Dylan y yo en la ter

