Abrí la puerta de a poco hasta que nuestras miradas chocaron. -Soy Cloe –dije al ver que sujetaba un puñal en su mano derecha a punto de tirarlo hacia quien fuera que entrase a molestar su intimidad. -Lo siento, pasa –dejó el puñal en una mesa y respiró hondo mientras me miraba pasar. Cerré la puerta detrás de mí y vi la mesita de noche que estampó contra la pared que daba con la habitación continua. -Siento mucho lo ocurrido y siento las molestias que te voy a causar en este momento –me miró extrañado-. No entiendo aún muchas cosas de todo esto, de qué sois o quiénes sois y de lo que ha ocurrido, pero si algo sé hacer es escuchar –me acerqué un poco más hacia él- así que, aquí me tienes. -No tienes por qué hacer nada de lo que mi familia te pida –pasó por mi lado y se sentó en el bor

