CAPÍTULO 4.

1336 Palabras
Desperté bastante más temprano de lo esperado, pero me di cuenta que no fue por nada natural, sino que la casa estaba sucumbida en gritos y peleas que provenían de la planta de abajo. Me asusté bastante al no saber cómo reaccionar en esta situación porque la desconocida aquí era yo, desde luego. Me levanté de la cama y pegué mi oído en la ranura que dejaba la puerta al cerrarse para oír lo que estaba pasando. - ¡No estuvisteis cuando hizo falta! –dijo Patrick. - Nos estaban atacando por todas partes, ¿qué querías que hiciéramos? –Carolina estaba a la defensiva. -Es cierto, yo estaba con ella –James parecía seguir bastante sereno mientras que yo no dejaba de escuchar a alguien pasearse el largo del salón con pisadas muy fuertes. De pronto se oyó algo de cristal caer al suelo provocando un ruido que seguramente se oiría desde fuera también. Al juzgar por el impacto, estaba segura de que no se trataba de un vaso, sino más bien de un cristal de cuadro o algo así. El silencio cayó sobre la planta de abajo durante unos segundos, hasta que Carolina hizo un ruido de pena por lo ocurrido y empecé a oír pisadas que subían a la planta de arriba. Me alejé de la puerta por si pasaba algo, y menos mal que lo hice porque mi puerta se abrió de golpe y James entró sin pensárselo. -Has escuchado todo, ¿verdad? –su cara de pena me tranquilizaba un poco. -Sí, pero no te preocupes, yo pensaba irme hoy porque veo que el tema es demasiado delicado –bajé mi cabeza en señal de consideración. - ¡No, no! –me asustó-. En este momento creo que eres la única persona que puede hacer algo –su mirada me transmitía una desesperación que hacía tiempo no la había visto.  - ¿Qué puedo hacer yo que vosotros que sois familia no podáis? –intenté mantener un tono sereno. -Verás –tomó aire-. Patrick no es que estuviera nunca muy enamorado de Sephora, pero su hija era lo más preciado que tenían los dos, lo único que los unía, mejor dicho. -Entonces, ¿por qué Sephora lo defendía con tanto afán siempre? –dije recordando el momento en el que la conocí. -Porque ella sí que estuvo siempre enamorada de él, pero fue algo no correspondido a pesar de las circunstancias –levantó las cejas. -Sigo sin entender qué puedo hacer yo aquí –me crucé de brazos. -Acércate a él, le hará bien hablar con alguien ajeno a todo lo que sabemos. - ¿Y Beth por qué no hace nada al respecto? Era la hermana de Sephora. -Patrick no quiere saber nada más del tema. Mira solamente como se ha puesto por recordarle el tema –dijo refiriéndose a lo del cristal. -Sí, por eso me he despertado tan de repente. -Bueno –dio media vuelta-. Eso era lo único que te quería pedir, pero está en tus manos hacer lo que mejor creas en estos momentos –abrió la puerta y se volvió para mirarme-. Créeme, te necesita. Salió dejándome la cabeza hecha un lío. No me esperaba que en estos momentos se me pidiera algo así. A juzgar por cómo es Patrick desde mi punto de vista, tenía claro que, si me quería acercar a él, este momento era el peor para intentarlo.  Me quedé sola en la habitación pensando en cómo hacerlo. No sabía muy bien si debería ir directamente a él o esperar a que se diera la oportunidad de vernos por casualidad y ahí empezar a hablar. Me cambié de ropa mientras pensaba en qué hacer y dejé todo recogido tal y como me lo encontré. Abrí la puerta de mi habitación y salí cerrándola suavemente porque la casa se había sucumbido en un silencio muy pesado. Respiré dos segundos antes de bajar y entonces oí como la habitación contigua al baño se abrió de un portazo dejándome ver a un Patrick en ropa interior muy enfadado. Cuando me vio se sorprendió un tanto, después hizo como que no existía y se metió al baño con una toalla. Supongo que no se acordaba de que yo seguía aquí por la cara que puso. Bajé las escaleras encontrándome con Carolina a punto de terminar de recoger lo que se había roto. Cuando vi que se trataba del reloj de pie que había en el salón, me entristecí bastante.  Fui hasta donde estaba ella para ayudarla con la bolsa de clavos y que nadie se hiciera daño en ningún momento. -Perdónanos por la mala hospitalidad –dijo por lo bajo. -No te tienes que disculpar de nada, la que sobra aquí soy yo –negué con la cabeza mientras apartaba los últimos añicos en la bolsa. -Créeme, a lo mejor ahora eres lo mejor que pudimos haber tenido en mucho tiempo –se levantó de sus rodillas y cogió el recogedor y la escoba y se fue hacia la cocina. -James me dijo algo por el estilo, pero sigo sin entender muchas cosas –fui detrás de ella con la bolsa de basura y la dejé al lado de la salida como me señaló Carolina. -Las irás entendiendo –me sonrió con pena y salió de la cocina dejándome sola. Aproveché para desayunar algo y calmar el dolor de tripa que estaba empezando a tener sin darme cuenta. La casa seguía en silencio, cosa que no me agradaba mucho, pero entendía que era momento de luto a pesar de no formar parte de la familia. Volví a subir las escaleras, pero esta vez mis pies me llevaron delante de la habitación de Patrick. Tomé aire y sin pensármelo dos veces llamé a la puerta. - ¡He dicho que no me molestéis! –acto seguido oí como un mueble se estampaba contra una pared. Mi cara en ese momento debió de ser de completo horror, pero sabía que tendría que hacerlo de todas formas. Abrí la puerta de a poco hasta que nuestras miradas chocaron. -Soy Cloe –dije al ver que sujetaba un puñal en su mano derecha a punto de tirarlo hacia quien fuera que entrase a molestar su intimidad. -Lo siento, pasa –dejó el puñal en una mesa y respiró hondo mientras me miraba pasar. Cerré la puerta detrás de mí y vi la mesita de noche que estampó contra la pared que daba con la habitación continua. -Siento mucho lo ocurrido y siento las molestias que te voy a causar en este momento –me miró extrañado-. No entiendo aún muchas cosas de todo esto, de qué sois o quiénes sois y de lo que ha ocurrido, pero si algo sé hacer es escuchar –me acerqué un poco más hacia él- así que, aquí me tienes. -No tienes por qué hacer nada de lo que mi familia te pida –pasó por mi lado y se sentó en el borde de la cama. -No es por ellos, es por ti –apenas me salió un murmullo de voz. Patrick levantó la cabeza y me miró serio para luego levantarse de nuevo y ponerse muy cerca de mí, cosa que me dio miedo por un segundo. -Si no estás preparada para aguantarlo, deberías irte –su comentario me molestó bastante y no me quedé atrás. -No me conoces como para poder juzgar lo fuerte o débil que soy –soné tan dura que hasta yo me sorprendí. Me sonrió de forma pícara y se alejó un paso de mí para verme mejor. -Muy bien, espérame en tu habitación y hablaremos –se dirigió hacia la puerta y la abrió para enseñarme que saliera, cosa que hice sin más porque esto era su intimidad y era totalmente respetable. Fui hacia mi habitación y esperé tumbada en la cama mientras pensaba. Después me fui a sentar en la terraza y no sé el tiempo que pasó, pero por fin llamaron a la puerta.
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