Llamé a la criada en cuanto Raphael me dejó. Estaba extremadamente hambrienta ahora que la primera parte de mi antojo había sido retenida. Sonreí pensando en él, sabiendo que ya habría tiempo más tarde. Sentí calor en mi cara, imaginándolo. Jesu, cómo le quiero. Jesu, cómo le quieroMaría me ayudó a vestirme y me recogió el cabello. Era de mi estatura, pero de complexión fuerte, con un espeso cabello n***o recogido en un moño apretado. Como había acompañado a la madre de Raphael desde Florencia, me pareció más fácil aprovechar sus habilidades como doncella que buscarme una chica yo mismo. Aunque ella hablaba poco inglés y yo menos italiano, nos las arreglamos con sonrisas y buena voluntad y la ayuda de Raphael cuando estaba allí. Quizá la traición de mi anterior criada, Bess, que casi le h

