• CAPÍTULO IV •

2315 Palabras
Era muy alto, bastante alto en comparación a mí, y aquella palida piel le hacían ver sin vida, salvo sus brillantes ojos verdes algo irritados como si algún tipo de sustancias hubiera estado inhalando, además de su cabello rubio oscuro callendo desordenado por su frente dandole un aspecto tan salvaje y.. terriblemente atractivo, era lo que lo describían en ése momento. Mi pecho se movía agitado por completo, y a pesar de que no era nada horrible para temerle, mi cuerpo tembló al ver una pequeña sonrisa ladina revelando una blanca dentadura con unos afilados pero pequeños colmillos tallados. Él era uno de ellos... Él era un Vórax. Aquél hermoso chico era el Vórax que me seguía. Y tras aquellos pensamientos, de manera discreta mi mano intento acercase hasta el bolsillo tratando de tomar de la barra metálica que allí estaba. — ¿Dónde lo escondes? — preguntó deseoso acercandose lentamente mientras mis pies temblorosos retrocedían espantados. ¿Esconder? ¿A qué se refería? — ¿De qué estás...? — traté de hablar balbuceante, pero en el momento en que mis labios se abrieron tartamudos, un grito ahogado escapó nuevamente de mí al sentir como de un momento a otro su cuerpo acortaba la distancia, y colocando su mano en mi cuello, impactaba éste acorralandome bruscamente contra uno de los troncos que detrás de mí había, logrando que a su vez el pequeño bolso tras el impacto se soltara quedando en el suelo. Dolía, toda mi espalda dolía. Podía sentir como las astillas de ese árbol se clavaba en mi espalda a pesar de la tela de mi camisa, y como mi cuerpo dolía siendo privada de oxígeno. Sonrió. — ¿Me crees estúpido, niña? — escupió y en el momento en que las lágrimas brotaron entre sollozos, éste mostró aún más su sonrisa junto con aquellos colmillos viéndose aumentar al igual que el rojo de sus ojos. — ¿Dónde escondes al humano? — preguntó y aún cuando quería hablar, su agarre era tan fuerte que lo único que podía hacer era patalear, y en vista de que mi voz no se escuchó, éste sólo apretó más fuerte haciéndome sentir que moriría. Lo haría, sabía que éste sería mi final al ver sus ojos brillar con anhelo. Él me comería, ésa cosa me asesinaría. — ¿Cazando en luna llena, Zac? — Retumbó repentinamente una ronca voz, tan escalofriante que incluso, aquél Vórax de ojos verdes rápidamente me había soltado haciendo que cayera al suelo dando grandes bocanadas de aire y tosiendo en busca de recuperar el aliento. Pero cuando creí que aquello no podía ponerse peor, otro chico, casi con las mismas características de el que antes me tomaba de el cuello, ya hacía parado viéndome mientras al hacerlo sus ojos azules con destellos de un peculiar marrón en el iris, comenzaban a teñirse de aquél intenso rojo que caracterizaba a los Vórax. Y aquella sonrisa al hablar con el de ojos verdes, rápidamente se borró en confusión igualmente acercandose, salvo que a diferencia de el otro éste me había tomado con menos fuerza, y si mi pulso ya no estaba tan acelerado, cuando éste acercó su boca a mi cuello expuesto completamente ante él. Un terrible escalosfrios me recorrió de manera, haciéndome sacar un jadeo cuando inesperadamente éste exhaló oliéndome sin vergüenza. — ¿Qué demonios...? — Susurró soltandome y volviendo a dejarme caer raspando mis rodillas mientras lágrimas quemaban en desespero. — Por favor — balbucee temblorosa entre sollozos — Por favor, si van a matarme haganlo rápido. No podía más, estaba tan cansada y adolorida, y tenía tanto miedo que realmente no podía pensar en una manera coherente para escapar. Ante ésta situación, toda clase de defensas contra los Vórax's se había ido a un rincón de mi mente completamente inalcanzable, y aunque a mí disposición tuviese aquello que me había entregado el profesor de defensa, teniéndolo oculto entre mi mano y el suelo, no podía evitar pensar que atacarles sólo era una misión suicida. — Juro... juro que solo le pregunté dónde estaba el humano, no le hice nada, Rayl— balbuceó el otro viendo con el mismo terror al de ojos mixtos que sin despegar su mirada de mí, me veía con cierta conmoción como si al verme tratase de adivinar lo que realmente ocurría. Sus ojos ya no deslumbraban rojo, ni siquiera aquellas venas se veían. Solo se mostraba en su forma humana mientras aquellos extraños ojos azules se clavaban en mí estremeciéndome completamente ante su imponente figura, incluso pudiendo notar que al lado de el otro Vórax, éste era un poco más alto y con la mandíbula mucho más marcada dando alusión a lo apretada que estaba. — ¿Qué demonios eres? — masculló el de ojos raros ignorando por completo al otro. Zac... Rayl... Eran nombres muy normales para un Vórax. Siempre habría imaginado que sus nombres serían igual de extraños que esa especie. — Te he hecho una pregunta. — Habló severo y como un interruptor sus ojos rápidamente volvieron a destellar en rojos agachándose a mí altura en el suelo. — Yo — tartamudee — Yo, yo no sé... — ¿No es un Vórax? — Cuestionó confundido mirando al que me hacía a mí las preguntas. — La ví correr cazando a un humano, su olor me dió desde lejos... — Zac, ambos olores provienen de ella — calló y detallandome por completo sus ojos fueron a parar a mi camisa mientras con mi respiración agitada y mirada nerviosa, igualmente giré a éste viendo como los tirantes se habían corrido un poco dejandome más expuesta desde el ángulo en que éste me veía, pero a pesar de que mis mejillas en ese instante ardieron por aquello, éste parecía sólo ver mi camisa como si ese fuese su objetivo. Pero que mi camisa fuese de un rápido tirón arrancada de mi cuerpo, había sido por completo la reacción que menos esperaba, logrando provocar aún más mi desespero tras de un momento a otro dejar de sentir el látex entre mi mano. — ¡¿Qué mierda haces?! — me atreví en gritar olvidando por completo lo que eran realmente, y en un instinto de cubrirme, mis sucias manos fueron llevadas a mi cuerpo sólo cubierto por la fina tela de el brasier y mi jogger holgado. Éste solo había tomado mi ropa llevándole a su nariz, pero el que detrás de él estaba, sin descaro alguno no dudó en recorrerme con un brillo similar con el que antes me veía. Y atrayendo mis nervios, sólo podía ver con disimulo al suelo con aquella cosa que el señor Hashiba me había entregado, agradeciendo que éste al ser cubierto de ese látex n***o, no hubiese sido tomado en cuenta. — No es la ropa — negó tirándole la camisa al otro que no tardó nada en olerla cerrando por poco sus ojos complacido. — Te lo voy a preguntar una última vez — Amenazó con molestia logrando que mis ojos nuevamente se empañaran — ¿Qué demonios eres? — No lo sé — lloré desesperada. Y éste sin dejar de que pudiera explicarle, rápidamente tomó fuertemente de mi cabello echando mi cabeza hacia atrás y logrando que mis manos corrieran tomando las suyas en un vago intento de aliviar el intenso dolor que sentía. — ¡No lo sé!, ¡por favor!, ¡por favor!. ¡Soy una de ustedes! — grité como si ésto fuese mi último recurso, pero decir aquello solo había hecho que el agarre incrementara. ¿Qué se supone que quería que le dijeran?, ¿Qué se supone que debía de responder a una pregunta de la cual no sabía la respuesta? — Por favor... — sollocé y en el momento en que el ambiente silencioso solo se vió envuelto en mis sollozos y jadeos, éste solo me soltó con su mirada completamente confundida. — Eres un chiste — masculló viéndome de forma retadora, como si éste quisiese castigarme o regañarme por mi mal comportamiento. — De seguro has de ser del Norte. — ¿Un estirado? — preguntó con asco y enfado el otro mientras sus ojos se colocaban nuevamente sobre mí, y en el momento en que una sonrisa ladina fue soltada, mi cuerpo entero se erizó pudiendo sentir como bajo el brasier mis pezones dolían con intensidad. — ¿Qué hacemos con ella?, ¿Nos divertiremos un poco?. — Propuso éste y en el momento en que sus palabras fueron soltadas, solo aproveché su distracción para velozmente tomar la barra de metal, logrando desprenderla de el látex y manteniendola disimuladamente entre mi mano. — La llevaremos con los demás, que madre decida qué hacer con ella — respondió borrando la sonrisa de el de ojos verdes mientras el otro sólo tomó mi mano que aún me cubría, hasta bajarla, y dejándome aún más expuesta al no permitirme cubrir. Mi corazón estaba hecho un nudo, pero nada tenía para perder, y como si hacer eso sirviera de algo, mi mano libre con aquella filosa barra, rápidamente se movió clavando ésta en su ojo y logrando sacarle embarrada por completo de sangre. Y aún cuando creí que ésto me daría más tiempo, en el momento en que me soltó y se echó para atrás con los chorros de sangre salir de él, yo aproveché el asombro para intentar correr casi chocando con todo lo que encontraba. Lo había hecho, lo había hecho y realmente me sorprendía a mí misma de la presión que había llegado a tener a pesar de mi nerviosismo. Pero a pesar de todo lo hecho sabía que no había servido de nada, y creyendo que aparecería delante de mí aquél chico de ojos verdes, inesperadamente, era el mismo al que le había dañado el ojo, el que me veía con ambos completamente sanos, tan sanos y brillosos, viéndose macabro con la sangre en su semblante y su respiración agitada mirándome con ira. — Pequeña hija de puta — masculló con diversión mientras mi cuerpo retrocedía en pánico. Solo abrir y cerrar los ojos, y éste ya comenzaba a arrastrarme tomandome dolorosamente desde mi clavícula, como si solo agarrara una ligera pluma, y ni siquiera dejarme tiempo en ponerme de pies y chocarme con todo a su paso. No necesitaba mucho esfuerzo para controlarme. Nada más una de sus esqueléticas manos bastaban para envolver parte de mi hombro y clavícula como unas pinzas tomando de un pequeño sin dejarme escapar. Solo hacía que mis cuerpo se manchara y raspara con las piedras sobre salientes de la tierra, sacándome más y más sollozos. — ¡Dios! — gemí nuevamente — Puedo caminar, puedo caminar — lloriquee generando el bufido de aquél al que el de ojos mixtos había llamado “Zac” en el comento en que me vió siendo brutalmente arrastrada. — Es muy llorona para ser un Vórax de el Norte. — se quejó caminando a la par de el otro mientras lanzaba un par de miradas a mi cuerpo, siendo completamente ignorado por el otro chico. — ¿Por qué debemos llevarla con madre? Ella claramente optará por darle uno de esos tontos castigos. Además, te ha fastidiado. — ¿Y qué pretendes que hagamos con ella? — Calló deteniendose al caminar logrando que éste retrocediera un poco al escucharle. — Yo... — ¿Asesinarle? — Cuestionó soltandome y palideciendome por completo. Era tonto pensar que tendría posibilidad de salir corriendo y escapar, pero ambos estaban tan distraídos discutiendo entre ellos que quise tener la esperanza de correr y perderme. — No asesinamos a los de nuestra especie por caprichos, aún cuando éstos nos creen tan estúpidos para considerar que pueden huir a plena vista y atacar de forma tan estúpida. No hacía falta que volteara a verles para que dejase de gatear y mi pecho latiera con mucha fuerza. Sabía que me veían, podía sentirlo. Y en el momento en que sus pasos nuevamente se escucharon haciendo que le viese con terror esperando a que éste volviese a tomarme, se agachó agarrándome ágilmente de mi desnuda cintura sacándome un jadeo cuando su rostro estuvo lo suficientemente cerca de el mío. No era de mucho pesar, siempre había sido lo suficiente delgada para al tocarme sentir mis costillas sin verme como una desnutrida, pero a pesar de aquello, él tomaba de mí como si realmente fuese nada. Sus ojos no estaban rojos y a simple vista parecía una persona normal. Si le viese por la calle, lo único que podría decir de él quizás era opinar con Mónica de lo atractivo que era, pero era un Vórax. Y no podía evitar temblar sobre su mano con mi pecho completamente acelerado. — Realmente sí eres muy llorona — Susurró viendo detenidamente a mis ojos, y de un momento a otro mi cabeza había dado la vuelta y éste me cargaba como un costal de papas sobre su hombro, mientras mis manos se aferraban a él para no caerme cuando éste corrió, a diferencia de él que solo había colocado sus manos alrededor de mis piernas, pudiendo sentir escalosfrios de su mano tocar casi mi trasero. Ni siquiera tenía aquél arma para defenderme, la había tirado estando tan despistada que ni me había dado cuenta dónde había sido el momento en el que mi mano la había soltado. Quería vomitar. El piso casi no se veía al éste llevarme congelando mi cuerpo con la brisa chocando de mí. Corría tan rápido que mareaba, pero habría preferido que ésto se mantuviera así cuando éste se detuvo, y sin esperar a que llegase a recuperarme, mi cuerpo fue lanzado con brusquedad al suelo sacándome otro gemido. Y en el momento en que mis ojos se abrieron, desee con todas mis fuerzas que ésto realmente solo fuese una estúpida pesadilla de la cual contarle a mis padres por la mañana.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR