El recuerdo de Ezra sigue... Dil hizo lo que se propuso, esa noche me hizo de su juguete con los demás. Fue horrible, me duele el cuerpo, el alma. Tuve que contener el llanto, es por eso que sigo vivo. Cuando terminaron me felicitaron, me cargaron y llevaron a dormir. Amanece y sigo recostado en posición fetal. Fui al único que no dejaron salir de la cama. Eso me hace pensar que todos aquí lo saben. Pasan los minutos, horas. Me han traído comida sin decir palabra alguna. Una adulta deja la cena en mi cama. —¿Puedes pedirle a Dil que venga?— la adulta me ve, asiente y se va. Busco entre mis cosas lo que necesito. Pasan minutos y la puerta vuelve a abrirse. Dil se revela con una sonrisa. Antes, cuando me dedicaba ese simple gesto la veía dulce, una verdadera amiga. Sin embargo,

