Capítulo 19

1311 Palabras
Narrador omnisciente. La noche es larga para los tres seres sobrenaturales, sienten deseo, excitación y nadie les va a quitar eso. A pesar de que tanto Ezra como Joseph sienten celos el uno del otro, prefieren dejar de lado para poder deleitarse con el cuerpo de la sirena. Ambos la quieren poseer, adueñarse de aquella diosa del mar. Los vampiros unen sus bocas en un beso feroz, demuestran el odio que se tienen, aunque no van a negar el calor creciente en ellos. Mientras ellos se apretujan y degustan la lengua del otro, Katherine tiene las hormonas alborotadas con tal escena. Dos de los hombres con los cuales desea estar, se besan como animales. Ella siente el cosquilleo bajo su vientre, verlos le prende a mil. Busca ver más, nunca se imaginó lo excitante de ver a dos vampiros besarse. Necesita acción. Procede a juntarlos, coloca la mano de Ezra en el falo erecto de Joseph, éste se sorprende cortando el beso. Ezra sonríe, le divierte el que no aguante su contrincante. En tanto a él no le importa. Ha mantenido encuentros fogosos tanto con hombres como mujeres y Katherine era consciente de aquello. —Te va a gustar— le susurra la pelirroja al inexperto Joseph. Quiere decir algo, pero cuando ella empieza a tocarse a sí misma, se arrepiente. —Miren como me han puesto— se penetra con sus dedos sin perder de vista a los vampiros—. Estoy tan...— sin poder terminar, echa su cabeza hacia atrás. Ezra intenta lanzarse con el fin de devorar a la sirena, quiere probarla por completo, complacerla como ni una otra mujer se merece. Para él, ella es su única familia, y su propósito de vivir. Si ella muriese, él no soportaría respirar en un mundo donde no tiene a la mujer que ama. En tanto Joseph nota la movida de Ezra, lo detiene tirándolo al césped. Ninguno perdería, de eso estaban seguros. Joseph amaba a Katherine, siempre lo hizo. Aguantaba que sus hermanos la tocaran u otros hombres, pero ya no. Esta vez, arremete contra los labios de su enemigo, gruñe en su boca acaparando la atención de la mujer quien se toca. Ella se masajes su sexo saboreando la escena que se le presenta. Joseph toma el mando, busca el m*****o de Ezra y lo masajea sin separar el contacto de sus labios húmedos. Katherine ya no lo soporta, no puede continuar oyendo los gemidos que suelta Ezra, ni tampoco ver el rostro sonrojado de Joseph, cuan disfruta prender al vampiro rubio que suelta sus espasmos empapando la mano de Joseph. Sin estar satisfecho de no poder resistir venirse, se corre con la intención de guardar su polla, hasta que... —Basta de tanta mierda— se sienta a horcajadas de él, otra vez el rubio debajo, mientras ella toma el control. Hace presión contra el m*****o de Ezra, se lo mete de lleno en su sexo, tragando su propia saliva por culpa del tamaño que tiene sumergiéndose. Duele, pero termina siendo satisfactorio a medida que se mete más. Entierra sus uñas en los hombros de él, lo cabalga como si no hubiera un mañana, acelera a cada nada complacida por su rostro sonrojado y sudado, ante sus ojos, se ve tierno y sensual mordiendo su lengua queriendo contenerse. Quiere que se corra dentro de ella, lo quiere todo en su interior. Mordisquea su cuello, hace un movimiento suave torturandolo y vuelve a cabalgarlo. —Mierda, ya no...— ni siquiera puede terminar cuando ambos se corren al mismo tiempo. Joseph fue testigo, no por gusto, sino por que le tocaba. Toca la espalda de ella haciendo que voltee, ella se relame los labios, baja de Ezra y se pone en cuatro mostrando su brillante intimidad a los orbes carmín. No está cansada, quiere más, necesita más. Él comienza lamiendo su espalda, la noche se inunda con los suspiros sensuales salidos de su boca, la nalguea logrando que se exalte, y arremete contra su culo metiéndole todo su falo haciéndola chillar. Respira hondo por la estrechates, queda quieto para dejar que ella se acostumbre, cosa que no tarda ni dos segundos cuando ella hace un movimiento para que se la entierre más profundo. —Kat...— suelta él, moviendo su pelvis lentamente, es nuevo en esto, su primera vez fue con Katherine, por ello no cuenta con la experiencia suficiente para hacerla disfrutar. O eso piensa él. Katherine por otro lado nunca se sintió así. Tiene a dos vampiros que la complacen de diferentes maneras pero con el mismo fin. Hacerla gritar. La penetra suavemente, su polla palpita en su interior dificultando su paso con lo estrecha que está. —Kat... —¡Joseph! Ambos logran soltar sus fluídos mezclándolos, caen rendidos del cansancio junto a Ezra. Ella en el medio, a su derecha Joseph y a su izquierda Ezra. La noche se torna larga, lo presiente cuando Ezra la provoca buscando su intimidad rozandola con sus dedos y, Joseph, magrea el seno redondo y perfecto de la sirena. Cuan afortunada es de tener a los dos vampiros. ... El sol sale alumbrando los tres cuerpos desnudos. Katherine despierta, frota sus ojos y se levanta queriendo escapar de ellos. Fue la mejor noche de su vida, pese a eso, tiene que volver a la realidad. Está embarazada y uno de ellos es el padre, algún día debe decírselos. Se golpea mentalmente por su error. Sabe la guerra que desatará entre ambos, uno la querrá dejar, otro se sentirá satisfecho. Huye del lugar para asearse en un río, su cuerpo reluce moretones, mordidas y algún que otro lugar marcado. El calor anterior le vuelve, de solo pensar en la noche fogosa entre los tres hace que quiera volver a repetirla. Cae a la realidad, tiene problemas con la perla negra, su hermano y ahora el embarazo. No es tiempo de tener sexo en diferentes posiciones con ambos vampiros. B usca su ropa desaliñada por culpa de sus malditas ganas, se la pone y antes de buscar a sus compañeros se esconde detrás de un árbol. Le da vueltas y vueltas al asunto del embarazo, piensa en las palabras adecuadas que no existen. ¿Cómo se sentirán ellos? Pierde a uno y queda con la otro, es lo lógico, y eso es lo que la asusta tanto. Tironea su cabello, no sabe el proceder. La hora ha llegado, ya no puede ocultárselo. El padre debe saber, se lo merece. Se empuja ella misma contra un árbol, cae sentada sofocandose, su respiración se agita, las manos le tiemblan. Ya no sabe que hacer. —Veras, yo...— practica a solas como decirle a él sobre su embarazo—, yo... Tartamudea, niega y vuelve a repetir sin poder soltar la noticia atascada en su garganta. —Mira, es tu culpa que este así— intenta sonar enfadada, niega y elimina esas palabras. Se incorpora, busca al árbol como practica para suponer que es él. —Esto que voy a decirte no es fácil. Tal vez te guste, tal vez no, pero ambos tenemos la maldita culpa, no quieras echarme la bronca solo a mí— advierte al árbol sin vida, enarca una ceja y continúa—, Estoy embarazada, es tuyo ... Suelta el nombre del padre, piensa que nadie más la escucha. Aunque alguien si la escucho, no tan claro, pero apenas Katherine confesó su embarazo, la persona corrió sospechando de quien se trataba. La ira le corroe por las venas, no se puede creer que ella este esperando un bebé de él... Corre con la intención de enfrentarlo a él y a todos sus compañeros, inclusive a Katherine. La furia no le permite racionar, sabe lo que hará al saber tal noticia. Se le comprime el corazón, le arden los ojos amenazando el llanto a punto de surgir.
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