Capítulo 17

1636 Palabras
Katherine. Besa mi cuello mientras jala mi cabello hacia atrás. Comienza un recorrido de besos sin fin por mi cuerpo, me estremezco con cada toque. Las nalgueadas terminaron, espero su próximo movimiento. No me niego a los pellizcos en mis pezones, la verdad me enciende a cada nada. —Que asco— nos interrumpen nuestros compañeros en plena acción. Ezra intenta cubrirme, a veces da mucha ternura. Estar desnuda no me incomoda, además, Joseph y Divet ya me conocen muy bien. Por suerte Demian y Lisa no se acercaron, eso si sería incomodo. Nos vamos tomados de la mano, veo por el rabillo de mi hombro a Joseph. Sus ojos se clavan en nuestras manos, Ezra aprieta el agarre notando lo mismo que yo. Buscamos entre tantas tiendas la bendita perla negra, en cada una fingen desconocer la joya, aunque sabemos muy bien que saben de lo que hablamos. Recorremos hastiados llegando a la última tienda por revisar. Un elfo delgado nos recibe. —¿En qué puedo ayudarlos?— pregunta acomodando su vestimenta gastada. —Buscamos la perla negra— informo. —Oh, temo decepcionarlos, pero yo no la tengo. La he vendido a un hombre. —¿Sabe dónde podemos encontrar a ese hombre?— tarda en responder debido a la confusión—. Descuide, no vamos a lastimarlo. Ofreceremos una gran cantidad por la perla. —En ese caso no tengo problema. Es dueño de un bar cercano, de hecho, si cruzan esa calle lo veran fácilmente— agradecemos su ayuda y partimos a buscar el dueño del bar. La comida se me quiere disparar de la boca, tapo mis labios con mis manos para no dejar escapar el vomito. Llegamos al bar no muy frecuentado, la clientela es escasa, eso lo hace más lamentable al lugar. Somos rodeados por prostitutas atrevidas, tocan a Divet, Joseph, Ezra y hasta a Demian. —Queremos ver al dueño del bar— les corto el coqueteo, me ignoran y siguen con lo suyo. —O dejan de ser unos babosos o se largan— les amenazo a los hombres. Débil es el hombre frente a la carne. —Oye, que molesta eres. Deberías ser como la rubia— por rubia se refiere a Lisa—. El dueño se encuentra en esa dirección— me indica con su dedo índice el camino de un corto pasillo, hay una puerta la que supongo debe ser una habitación. Dadas las circunstancias decido ir sola, ofrecer una buena paga y acabar con esto. Toco una vez, no responden. Toco por segunda vez la puerta y siguen sin responder. Toco por última vez con golpes más fuertes. Siguen sin responder. A punto de tirar la puerta, giran la perrilla y la abren, revelando las personas ocultas en la habitación. Hay tres mujeres desnudas sobre un hombre regordote. Supongo que es el dueño, entro sin pedir permiso, me preparo para verle la cara y... Ese asqueroso hombre se perturba, tiemblo desde mi puesto sin dar otro movimiento. Maldito desgraciado, sigue vivo. Reparo nueve años atrás. —Hija...— corre el cuerpo de una pelinegra, veo su desnudez con repugnancia. Al principio se veía asustado, ahora sonríe con descaro, hasta puedo decir que de una forma lasciva. Mi padre, la persona que me vendió a tantos hombres, me manoseaba sin pesar, dejaba que pasara hambre junto a mis hermanas. Todo eso me hizo él, el hombre que debería haberme amado como un padre. Viste su cuerpo, emprende hacia la salida con las tres prostitutas mientras me quedo plantada volviendo a recordar sus asquerosas monstruosidades. Debo reaccionar, tiene la perla negra, también he pospuesto su asesinato. La verdad es que lo creía muerto, tampoco tuve tiempo de investigar para confirmar mi teoría y quitarme las dudas. Pero ahora lo he dejado salir. Pienso en Lisa, en lo perturbada que se sentirá cuando lo vea a los ojos y reciba la misma sonrisa asquerosa. Salgo a grandes pasos, lo distingo saludando a mis compañeros y como supuse, le sonríe de una manera repugnante a Lisa. Voy directo a él. A punto de matarlo, voltea ensanchando las comisuras de sus labios, abre sus brazos y espera a que me reconforte en ellos. —Vine buscando un objeto y termino encontrando a alguien valioso. Por fin voy a matarte— mis manos se disparan solas para estrangularlo, la dificultad de respirar se hace notoria. —Si... me..matas...no..perla— entrecierra sus ojos, va perdiendo la vida, quiero acabar de todos modos. Cegada por el dolor, presiono con más fuerza, entonces una manos me envuelven haciéndome retroceder. Cae escupiendo saliva. —Las putas nunca cambian, uno les da de comer y así les pagan— nos mira tanto a Lisa como a mí. Quiero golpearlo, desangrar su cuerpo. Si no fuera por Ezra sujetanto mis manos ya lo hubiese asesinado. Un cuerpo se cae siendo el de Lisa. Era de esperarse, reencontrarse con este monstruo causa eso. Por mi parte siento ganas de vaciar mi estomago, la comida o volver a verlo me provoca nauseas. Este hombre no merece el título de padre. Golpeaba a su esposa, nuestra madre, también me ha propinado castigos severos cuan pequeña. Y no quiero imaginarme lo que vivieron Leslie y Lisa cuando él me vendió. Es por culpa de él que Lisa me odia de esta manera y acabara en manos de Ethan. Y Leslie... De ella tengo poca información, pero si acabo con Evin, nada bueno debe estar viviendo. —Danos la perla negra, tal vez sobrevivas si eres obediente— sirvo vino en una copa degustando el sabor dulce que se desliza por mi garganta. Observando mejor, creo que he pasado por alto un detalle y eso es saber cómo consiguió tanto dinero para comprarse su propio bar. —Si quieren la perla deben ofrecerme mucho dinero— asevera— Aquí no vienen unas putas a darme ordenes. No les tengo miedo. Cuanto valor, maldito infeliz. —Cuan valiente se ha vuelto, padre— traga saliva cuando me acerco, ya no tengo que temer, soy libre, sin ataduras. No puede abusar de mí como en el pasado, mucho menos de Lisa. Protegeré a mis hermanas cueste lo que cueste. —Joseph, Ezra me giro para verlos—, registren el lugar, rompan si es necesario, no me importa, pero encuentren la maldita perla y traiganla— devuelvo la vista a mi padre—. Mientras saldare cuentas pendientes con mi progenitor. Ellos se miran entre sí, tardan unos segundos y hacen lo que ordene. Mientras tanto, Demian y Divet se quedan a mi lado. Oh santa paciencia. Espero que encuentren la perla para así poder asesinar al hombre frente a mí. De hecho, puedo divertirme un rato. —De rodillas— se atreve a ignorarme. No me deja otra opción, pateo sus rodillas logrando por mi cuenta hacer lo que exigí. —¡Una puta no ordena, mucho menos a su padre!— aguanta el dolor. Es que no entiendo sus perturbadoras sonrisas, sin importar qué, no las borra. Alcanzo una daga pasada por Divet, imagino las distintas maneras de desangrarlo hasta su muerte. —Recuerdo la vez que rompí el vestido de Leslie con una daga similar— interrumpe mis pensamientos con su escalofriante confesión—. Oh, ella era tan pequeña y curiosa. Preguntaba por ti cada noche, hasta que un día no lo resistí. Su fresca piel, el aroma puro de inocencia, ah, todo de ella me envolvió esa noche. Leslie me recordó a ti, ambas iguales. No sé el momento exacto, simplemente reaccioné sin pensarlo. Atravese su pecho hasta llegar a su corazón. Sus ojos se abrieron llenos de sorpresa, su respiración se cortó, pero su maldita sonrisa seguía intacta. No me lo puedo creer... Le di exactamente lo que él quería. Una muerte rápida y sin dolor. —Kat, no encontramos la perla... Esas palabras colmaron mi estabilidad emocional. Lanzo todo lo retenido de mi garganta, vomito el caliente líquido convertido de un tono rojo. Estoy vomitando sangre. ¿Es normal estando embarazada? La mano de Joseph se dedica a acriciar mi espalda con delicadeza, su tacto tranquiliza todo mi cuerpo, siento livianes. Poco a poco termino de vomitar la sangre. Cuando parece no salir más, limpio mi boca con un trapo. ¿Y ahora qué hago? No solo desconozco dónde escondió la perla negra, sino que acabé con su vida con sencillez, no sufrió como debía y tuve planeado desde hace años. Merece el triple del dolor que nos hizo a mí y mis hermanas. Aprieto la daga entre mis manos, me arrodillo al cuerpo inerte de mi supuesto padre y apuñalo su vientre repetidas veces. Sé que no tiene vida, pero necesito hacerlo. Desquitarme, dejarlo irreconocible. Paso la daga por su rostro dejándolo sin nariz, hasta le arranco con mis propias manos sus labios. Esos asquerosos labios que me han besado asquerosamente. —Kat...— Joseph intenta quitarme la daga, niego y continúo con lo que sea que estoy haciendo. Derramo lágrimas, las limpio con mis manos manchadas de sangre acabando por manchar mi rostro. Ahora tengo su sangre en mí, esa asquerosa sangre... Paso mis manos a mi rostro con desespero, estoy a nada de arrancarme la piel de tanto frotar. Siento unos brazos rodearme y son de Demian. —Madre, basta...— sacude mi cuerpo sin pasarse con la fuerza, analizo su expresión facial. Me dedica una mirada triste. Verlo a los ojos me obligan a sollozar de una manera que nunca antes hice, hasta suelto un grito agobiante. Escondo mis lágrimas en su pecho, abrazarlo me da esa calidez de un hijo a una madre. Si me siento así con este hijo al cual no concebí en mi vientre, no me quiero imaginar al que tengo invernando en mi cuerpo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR