Camila abrió los ojos lentamente, como si estuviera emergiendo de un sueño profundo. Al principio, todo era un enigma, una imagen borrosa que se cernía sobre sus ojos. Conforme sus sentidos se aclaraban, una figura gradualmente tomaba forma frente a ella. - Buenos días, Caramelo. - saludó la figura, que estaba atada a una silla pero lucía una sonrisa siniestra que recordaba a un gato. Era Pavel. Camila se enderezó y se percató de que tanto ella como Aurora y Pavel estaban sujetas a sillas por cuerdas ajustadas a sus cuerpos. - ¿Qué ha sucedido? - preguntó Camila, aún confundida por la situación. - No es precisamente un misterio. - Pavel rió con desdén ante la ingenuidad de Camila. - Tu abuela está detrás de esto, aunque no entiendo por qué no ha dado la cara. L

