Fazza muy en el fondo empezaba arrepentirse de la decisión que había tomado de casarse con alguien como Luisa. — esta es tú casa también - sorprendió a Luisa - no deberías quedarte aquí encerrada — dijo al verla de pie en la ventana con una sonrisa triste . Muchos cabos sueltos hicieron lo suyo en la cabeza de Luisa, ya no era tan feliz como pensó que sería. Lo miró por un instante con aquellos ojos verdes apagados por la tristeza, no había más brillo ahí, su euforia y alegría por el príncipe se esfumaba. — bienvenido — dijo con una sonrisa triste y regresó su mirada al jardín de la mansión. — será mejor que te lleve al médico, seguro debe dolerte mucho el pie - se acercó impulsado por el remordimiento. — que ironía, ¿ahora te importa mi pie? - río con sarcasmo sorprendiendo a Fazza.

