El ambiente en el comedor seguía tenso. Sentía cada mirada, cada murmullo, como si todo el mundo estuviera pendiente de mí, aunque sabía que probablemente era mi imaginación haciéndome una mala jugada. Cálmate, Nikita. Solo siéntate y no hagas nada estúpido. Dania entró al comedor con su gracia habitual, llevando una bandeja con platos perfectamente organizados. Cuando se acercó a mí para servirme, sentí un alivio momentáneo. Su presencia era como un recordatorio de que no estaba completamente sola en esta jungla de ricos y poderosos. —Gracias, Dania —murmuré, pero mi voz salió tan baja que probablemente no me escuchó. Ella colocó mi plato frente a mí con cuidado. Pude sentir su mirada de “estás bien” antes de que continuara sirviendo a los demás. Sin embargo, antes de que pudiera siqui

