++++ Nikita estaba tumbada en la cama, hecha un desastre, con una toalla que apenas la cubría y el rostro pálido como si hubiera sobrevivido a un tornado. Cada tanto se quejaba en voz baja, murmurando algo sobre morir y pedir que alguien apagara el sol. Podía oírla maldecir entre dientes, aunque no estoy seguro de si me estaba maldiciendo a mí o a la vida en general. Me acerqué lentamente, cruzándome de brazos mientras la miraba desde el borde de la cama. —Nikita, tenemos que hablar, sé que ya estás un poco calmada, pero creo que lo que te diré es buena idea. Ella abrió un ojo, lo justo para verme, y luego gimió. —¿Puedes no usar esa voz tan seria? Me duele hasta el alma. Ignoré su comentario y me senté a su lado, mirándola con una mezcla de exasperación y algo que probablemente podr

