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351 Palabras
Oliver Pasaba de media noche cuando salí de casa de Eliana junto a Ed y Alonso. Conduje en total silencio, después de haber pasado un rato con ellos mis mente se mantuvo ocupada, ya no tenía los asuntos de Reino rondando por mi cabeza ni siquiera Daniela, la razón por la que termine en casa de Eliana, me preocupo. -¿Donde has estado?- ese era mi padre. -Salí un rato, necesitaba despejar mi mente- mentí en parte, no le diría que estuve en casa de la amiga de Daniela, ellos creo ni sabían de su existencia. -Bien, sólo espero no tener alguna mala noticia tuya en esos programas de chismes- palmeo mi hombro y regreso a su habitación. Solté un suspiro, tal vez no debí regresar, pero por otra parte me moría por ser rey, aunque no tan pronto. Siempre imaginé a mi padre enseñandome su oficio y con tiempo para asimilar todo, no que de la noche a la mañana me de toda la responsabilidad. Camine a mi habitación y me deje caer en la cama, justo ahora estaba pensando en el reino más de lo que hacia esta tarde. (...) -Te presentó a nuestro primer ministro- Extendi mi mano y la estreche con la de aquel hombre mayor. Había pasado una semana desde que llegué al Palacio y las visitas de grandes mandatarios era mi rutina ahora. No había tenido ni tiempo de hablar con Daniela y como se hizo amiga de Eliana, esa pregunta rondaba mi mente. Además de pensar en Eliana más de lo comun. Nunca había cruzado más de dos palabras con ella y ahora que lo hacía no la podía sacar de mi mente. ¿Que rayos me sucedia? No era las típicas chicas con las que me rodeaba en eventos de la realeza. Esas eran princesas o hijas de altos mandatarios. No poseía una gran belleza. Eliana lo ocultaba detrás de sus anteojos y sus ropas, eso lo había notado. Y por sobretodo, ella era totalmente distinta al tipo de chica con la que saldría. Era rubia y muy tímida.
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