Cuando Liv abrió los ojos, miró a Venecia y Tilda a su lado —¡Lo siento tanto! —Cariño —dijo Tilda—; No te preocupes, lo que importa es tu salud, vas a estar bien. Ahora dime, ¿Quién es el papá de tu bebé? Liv miró con terror a Venecia, que tenía esa misma expresión, luego la última lanzó una risotada falsa —¿Qué cosas dices, madrina? Obvio eso no es cierto. —Jovencitas, pueden engañar a todo el mundo, menos a mí. He visto tus síntomas, querida, sé que estás embarazada, y en estos casos, recibirás el repudio de la sociedad, no son buenos tiempos, Liv. Liv se echó a llorar, y Venecia no pudo evitar derramar lágrimas al sentir el dolor de su amiga. Tilda la abrazó —Tranquila, cariño, no pasa nada, lo bueno en la vida, es que todo tiene una solución excepto la muerte y estás viva, con

