Episodio 0: Parte final

3529 Palabras
1 año después En ese momento, el joven estaba en un hotel que se encontraba prácticamente en medio de la nada, donde los únicos que transitaban por las solitarias autopistas de la zona, eran gondoleros y uno que otro autobús. Zacary suturaba una herida que sufrió, después que una bala rozó su costado. Hacer aquello no era nada del otro mundo para el muchacho, ya estaba acostumbrado a curarse el mismo, es por eso que una vez culminada su tarea, se colocó su camiseta esperando que en esta ocasión, si pudiese conciliar el sueño por un par de horas, porque a pesar que él podía durar semanas sin dormir, y días sin comer, su cuerpo después de todo tenía limites, y para ese momento él ya estaba llegando al suyo. Pero luego, en el instante justo que Zacary reposó su cabeza sobre la almohada, y estaba a punto de cerrar sus ojos, se rompe la ventana que estaba frente a él por algo que habían arrojado. De inmediato el muchacho se levanta, viendo que eso que le habían arrojado era nada más y nada menos que una bomba. Al parecer ya querían terminar con él de una vez por todas, pensó Zacary en el instante que en cuestión de segundos, o más bien milésimas de segundos, se levantó y arrojó con todas sus fuerzas por la misma ventana lo que le habían lanzado, para después resguardarse en el suelo. El estallido fue tal, que la onda expansiva de la bomba logró terminar de romper los vidrios que aun colgaban de la ventana, y asumía que también habían explotado los de las habitaciones adyacentes. Sin darse cuenta, Zacary lanzó la bomba en un auto el cual segundos después también explotó, causando una enorme llamarada, entre tanto las alarmas de los pocos vehículos que quedaron en pie no dejaban de sonar, y las pocas personas hospedadas del hotel comenzaron a salir completamente asustadas, creyendo que habían sufrido un ataque terrorista. Algunas personas que justamente "pasaban por ahí", resultaron heridas, pero entre todos Zacary salió para buscar a los autores principales, sin embargo para su mala suerte, un par de ellos ya habían muerto quemados. — Ya es hora de ponerle fin a esto — Pensó Zacary, sabiendo que al parecer las personas que deseaban verlo muerto, ya habían dejado a un lado la discreción. *** Cansado de estar tratando con peones, Zacary decidió viajar para matar de una vez por todas a los "reyes y a las reinas" de ese juego, porque ya era momento de dar por terminaba su cruzada. Primeramente viajó a Norteamérica para matar a Luka Carter, que era el más fácil de todos. Por lo que había investigado de su enemigo, el hombre tenía 26 años y al parecer además de tener sus negocios normales, había estado continuando con la farmacéutica ilícita de su padre, lo cual se resumía a que posiblemente los experimentos con personas continuaban. Luka tenía un hermano de 16 años llamado Theo, el chico era adoptado y por lo visto era el consentido de Luka, quien desde la muerte de su padre había pasado a ser el nuevo jefe del legado Carter, junto con su hermanito. Zacary ya tenía planes de asesinar lenta y dolorosamente al hermano menor, ya que en esta ocasión, él cambiaria su forma de hacer las cosas. Después de asesinar a Theo Carter, seguiría con Luka, luego "por si las dudas" masacraría a cualquier persona que se apellidara "Carter", acabaría con toda su descendía para así, terminar con el mal desde la raíz. Luego seguiría con Los Hoong, mataría a los mellizos Mik y Sail, así mismo, sin perder tiempo seguiría con el jefe Kim, y su esposo Elías, por último asesinaría a todo lo que se moviera en la casa principal de los Hoong sin piedad, dejando como resultado el fin de la "dinastía Hoong y Carter" de una vez por todas. *** —¡Espera, detente! — Grita Luka Carter, cuando ve a su hermanito en manos del asesino de su padre. —¡Luka, ayúdame... Ahh! — Exclama Theo, sintiendo como Zacary le cortaba un poco su cuello, sin hacer la presión suficiente para matarle. Mientras Zacary hacía eso, veía en todo momento a Luka, quien le observaba con impotencia porque era evidente que no podía hacer nada. El antiguo esclavo, entró a la mansión como si esta le perteneciera, matando a su paso a varios de vigilancia con una destreza y habilidad envidiables para cualquiera, y ahora en ese instante se encontraba en la habitación de Theo Carter, siendo más sutil de lo que al principio planeó. —¡DETENTE! — Grita Luka una vez más a todo pulmón, sabiendo que aquel asesino no le importaría en lo más mínimo sus suplicas, sin embargo para su sorpresa, el muchacho luego de su grito, dejó de hacer presión con el cuchillo sobre la garganta de su hermano. —¿Quieres que lo deje con vida? — Pregunta Zacary, comprendiendo que su pregunta era más que redundante. —¡Si, si te daré lo que quieras, pero no lo mates! — Exclama el hombre entrando en una mayor desesperación, por ver como su hermanito comenzaba a llorar. — Déjame en paz, y ambos podrán seguir viviendo, o de lo contrario... —Pide Zacary apretando en esta ocasión, con mayor fuerza el cuchillo sobre el cuello del chico, provocando que un hilo de sangre se hiciera presente. —¡AHHH! — Grita Theo, sintiendo como Zacary cortaba lentamente su cuello. —En este momento, solo corto tu piel... porque si hiciera un poco más de presión...— Indica en susurros haciendo más presión — Podría llegar a tus nervios, y a tus venas... causándote una muerte lenta y dolorosa, que tu hermano puede detener en este instante— Murmura Zacary susurrándole aquellas palabras al oído del chico. —¡BASTA! Está bien, está bien, te dejaré en paz. Ya no enviaré a nadie más para matarte, es un caso perdido. Te lo prometo — Suplica el hombre alternando miradas entre su hermano y Zacary, quien suelta al instante al chico que corre directo a los brazos de Luka. El moreno al instante comienza a inspeccionar el cuello de su hermano, mientras Zacary observaba todo en silencio, asumiendo que ese tipo jamás iba a cumplir su promesa, pero a pesar de eso él prefirió dejar al chico con vida, solo porque le trajo escasos recuerdo de Jason, por su cabello rubio y ojos azules. — Nunca más sabrás de mí, siempre y cuando no te atrevas a buscarme, porque de lo contrario mataré a tu hermano, a ti, y a todos los de tu casta. No dejaré ni uno en pie. Si quieres evitar una masacre, será mejor que me dejes en paz, Luka Carter — Advierte Zacary seriamente, sin dejar de observar aquella mirada verdosa del moreno. —Solo vete y no regreses nunca más ¡LARGO! — Grita Luka que en esta ocasión bajó la mirada hasta su hermano, entre tanto lo abrazaba con dependencia. Zacary se levantó de su lugar, y caminó en dirección hacia Luka lentamente, cuando llegó al frente de él alzó su vista para verle, metiendo una de sus manos en el bolsillo del pantalón de Luka, sacando así el arma que este tenía escondida y sin más le disparó en uno de sus fuertes brazos, escuchando como el hombre al instante emitió un grito de dolor, mientras Theo también gritó pero de temor. —Quería ver si estaba cargada. Lo siento — Se disculpa Zacary, sin un ápice de empatía en sus palabras. — Me llevaré esto para que no me dispares por la espalda. Aunque si por casualidad haces algo imprudente, como por ejemplo intentar matarme ahora mismo, me encargaré de que vayan a acompañar a su padre en el otro mundo. Porque como bien sabes... tu ya mencionado padre, hizo un buen trabajo creando con la ayuda a mi antiguo amo, a fenómenos como yo — Susurra Zacary, mientras coloca la pistola en la mejilla de Luka. — En este momento, puedo oler tu miedo, tu rabia, y tus deseos apoteósicos por matarme, al igual que tu hermanito, sus corazones laten con fuerza... ambos desean masacrarme vivo, pero no lo lograrán... ya que terminarán como los 958 hombres que he matado durante este año y medio. Así es, sin querer mí cerebro lleva la cuenta de todos esos asesinatos, porque como ya te dije, soy un fenómeno — Concluye Zacary disparándole a Luka, pero nada ocurrió porque el arma ya no tenía municiones, un detalle que el muchacho dedujo desde el principio, por el peso del arma de fuego. En esta ocasión, el chico de ojos azules sonríe, mientras que el moreno frunce el ceño, y el niño se mantiene en silencio con una expresión indescifrable en su rostro. —Adiós. Espero no verlos nunca —Se despide Zacary, guardándose el arma en el bolsillo de su chaleco. Cuando Zacary finalmente se va de la mansión, Luka suspira aliviado abrazando con fuerza a Theo, observando como la herida de su cuello había dejado de sangrar, porque al parecer no fue demasiado profunda. Theo en los brazos de su hermano, mantenía su ceño fruncido recordando lo sucedido. —¿No vas a cumplir tu promesa de dejarlo en paz, cierto? Quiero verlo muerto... ese chico mató a papá, y pretendió matarnos... quiero que se muera ¡QUIERO QUE MUERA! — Vocifera Theo con un tono de voz lleno de resentimiento. —Por supuesto no cumpliré esa promesa. Yo también quiero verlo muerto pero... ¡Ni siquiera con una maldita bomba pudo acabar con él! — Exclama el hombre a su hermanito que, se aparta de él por un instante. —Él todavía es humano, debe tener un punto débil. Luka, encuentra su debilidad, por favor... — Pide Theo, viendo con sus enormes ojos claros cristalizados por las lágrimas, a su hermano mayor. Luka sin más asiente con la cabeza, acariciando el cabello del niño, mientras se arrodilla para inspeccionar con mayor detenimiento la herida de su cuello. — Lo encontraré, pero ahora mi prioridad es llevarte a un hospital. Estas herido — Susurra Luka acariciando la mejilla de su hermanito. —Está bien, llévame. Luego cuando regresemos ¿Puedo dormir contigo en tu habitación? Tengo miedo... — Pide Theo de forma acongojada. Luka chasquea su lengua, acercándose para darle un beso en la frente. —Claro que sí. Vamos, te llevaré al hospital— Insiste el moreno cargando a Theo con mucha facilidad, mientras su hermanito se amolda en su pecho y le rodea el cuello con sus brazos. —Ya quiero que se muera ese Nro. 189, lo odio mucho — Murmura Theo entrecerrando sus ojos de manera cansada, porque antes de que todo ocurriera, él estaba durmiendo tranquilamente. Una semana después — ¡BASTAA! — Grita Kim, luego que observó a Zacary romperle el cuello a uno de sus hombres. El muchacho tatuado había llegado a la casa principal de los Hoong en Escocia. En ese instante, él ya se había encargado de matar a varios, mientras que tenía a la familia principal amarrada, completamente inmovilizada frente a él. Para Zacary fue extremadamente sencillo apresar a Kim, Elías, al mellizo Sail y a su prometido Xen, puesto que estos aunque tenían habilidades excepcionales, no dejaban de ser "humanos" comunes y corrientes para él. Toda la familia le miraba con odio, después que frente a ellos Zacary matara a uno de los muchos valientes, que se atrevían a entrar para salvarles. El joven de ojos azulados arrojó el cuerpo del a******o a un lado, para acercarse tranquilamente hacia Sail. Sin nada de esfuerzo lo arrastró hasta su lado, sujetándole la cabeza de una manera en la cual todos sabían que con un simple movimiento, el antiguo esclavo podía romperle el cuello fácilmente al mellizo. Al instante las vociferaciones de amenazas, obscenidades y otro sin fin de palabras, salieron de las bocas de Elías, Kim y Xen, los cuales observaban como Zacary se mostraba tranquilo, dándose demasiado tiempo para consumar el acto de matar al mestizo de los Hoong. —Le perdonaré la vida a tu hijo, y al resto de ustedes si ya me dejan en paz — Ordena Zacary viendo directamente a Kim. —Jamás te dejaré en paz. Has matado a cientos de mis hombres, y ahora en este instante tienes tus asquerosas manos sobre mi hijo... — Masculle Kim con mucho odio. — Esos cientos de hombres estuvieran con vida, si no les hubieses enviado a matarme. Y en este instante no tendría mis asquerosas manos sobre tu hijo, si me hubieses dejado en paz ¿No comprendo porque la mafia Hoong quiere matarme? Les hice el favor de matar a mi amo, se llevaron todo su dinero, mataron a todos los esclavos que pudieron. Ya no tengo nada que ver con ustedes, estoy cansado de ustedes — Explica Zacary acomodando su posición, para pretender romperle el cuello a Sail. —¡Debes morir! Eres una abominación, todos esos "seres" que crearon tu amo junto con aquel loco llamado Edward Carter, deben desaparecer — Exclama Kim, observando sin pestañear la mirada vacía de aquel chico asesino, el cual parecía estar preparado para asesinar a su hijo. —¿Por qué sigues con vida Nro. 189? — Pregunta Sail repentinamente, porque él recordaba cuando en aquella ocasión, todos los niños esclavos que mató estos siempre parecían estar agradecidos por morir, en cambio le parecía muy extraño que este esclavo en particular, continuara con vida. Zacary luego de escuchar esa pregunta, esboza una leve sonrisa. —Porque no tengo deseos de morir. Lo único que quiero es vivir en paz — Responde el muchacho seriamente — Lo único que quiero es poder estar al lado de mi amor, vivir tranquilo con él, poder besarle... poder tocarle, dejar de esconderme...— Piensa Zacary esa verdadera respuesta que jamás se atrevería a decirle a nadie. —Papá, déjalo ir...—Pide Sail, sintiendo como Zacary poco a poco dejaba de apretarle. —¡Déjalo ir, Kim! — Exclama Elías, solo porque temía por la vida de su hijo. El chico tatuado, alterna su atención entre Kim y Xen, los cuales continuaban viéndole con odio, porque era muy evidente que su orgullo no les permitía dejar ir a un asesino, que había terminado con la vida de muchos de sus mejores hombres. Sin embargo, Xen entre un suspiro cansado, desvió su atención de Zacary para ver al jefe de la mafia corana. —Déjelo ir... jefe Kim. O de lo contrario, Sail morirá frente a todos nosotros— Aclara Xen de manera solemne, escuchando el suspiro cansado que emitió el coreano. —Vete, asesino. Te dejaré en paz. Pero si llego a ver tu rostro una vez más. Juro por lo más sagrado que tengo, que encontraré la manera para asesinarte yo mismo ¿Te crees muy humano, no es así? Entonces, encontraré tu talón de Aquiles para acabar contigo fácilmente... — Advierte Kim, notando como sus palabras parecían tener poca importancia para Zacary, ya que este simplemente dejó en libertad a Sail, encaminándose hasta la salida. — Nunca más sabrán de mi — Aclara Zacary, yéndose sin mirar atrás. Cuando Zacary se marcha, todos los presentes en aquella habitación se mantienen en silencio, hasta que finalmente Kim decide hablar. —Xen, encárgate de que mantengan vigilado a ese fenómeno. Lo dejaremos en paz mientras encontramos su talón de Aquiles para matarlo como un perro callejero — Ordena Kim, sabiendo que su orden seria consumada en poco tiempo. 6 meses más tarde Zacary regresó a Paris, y en todo ese tiempo no habían enviado personas para matarle. Pero como el muchacho asumía que esas promesas, eran solo una fachada producto de la desesperación, en las que él les obligó a tomar aquella "tregua", Zacary prefirió continuar escondido, pasando prácticamente desapercibido entre la sociedad, por no estar totalmente ligado a esta. Un mes después que la tregua dio inicio, Zacary comenzó a buscar un lugar más estable donde vivir. Con la gran suma que recaudó en sus casi dos años de asesino, utilizó una parte para comprar una pequeña fábrica textil, que el dueño desde hace años tenía planeado demoler, sin embargo apareció de la nada un joven llamado "Marc", que se la compró a precio de oferta, ayudándole así a quitarse ese peso de encima. Con su enorme nuevo hogar, el cual era absurdo para cualquiera, Zacary se dedicó a remodelarlo. Primeramente una de las oficinas que estaban en el primer piso, las convirtió en su habitación principal, también en el área del comedor hizo su cocina, consiguió una estufa eléctrica, también un refrigerador, aparte de que en el área de taller, se dedicó a despejar el entorno cuando desechó varias máquinas textiles que el joven asumía, eran de la década de los 50s. También instaló un moderno sistema de vigilancia, entre otras modificaciones que le ayudaban a entretenerse en las noches, porque como siempre nunca podía dormir. Su "casa" era gris, solitaria y deprimente para cualquiera, tenía un serio problema con las ratas, tenía que acomodar varios lugares del techo, y además la calefacción no funcionaba, lo cual significaba que sus noches eran bastante frías. Prácticamente habían transcurrido 3 años, desde que Zacary no tenía un contacto verdadero con Isaías, quien hasta ese momento continuaba yendo a la Torre a esperarle. Lo sabía porque en semanas anteriores el joven tatuado fue a verlo, encontrándoselo en el mismo lugar. Zacary todavía no se atrevía a verle, porque aunque había estado teniendo una extraña paz durante 6 meses, y él mismo se había obligado a sanar sus heridas principalmente psicológicas, todavía sospechaba que ese silencio que mantenían sus enemigos, era porque se encontraban conspirando en su contra. Posiblemente ya se había vuelto paranoico, quizás la soledad, el no hablar con nadie durante todo ese tiempo ya le estaba afectando, pero la realidad era que él no deseaba que descubrieran a Isaías, que le fueran a hacer daño. Sin embargo, esas mismas preocupaciones, no se comparaban con las ganas inmensas que tenía por tocarlo, sentirlo, hablar con él... —Iré... me mostraré ante él. Finalmente hablaré con mi amor... que importa... si alguien se atreve a tocarlo, lo mataré...— Piensa Zacary levantándose de su cama, dispuesto a realizar la hazaña más difícil hasta ese momento en su vida. *** Zacary entró al baño y se dio una ducha rápida. Después que terminó de asearse con agua congelada, buscó su ropa y comenzó a vestirse. Ahora que se daba cuenta, la mayoría de sus vestimentas estaban rotas por las marcas de algunos cuchillos, y roces de balas de aquellos tipos que si se atrevieron a lastimarle. Sus botas estaban desgastadas, y ahora que se miraba en el espejo, su cabello estaba muy desprolijo. Zacary se miró con mayor detenimiento, notando que no era el mismo de hace tres años, cuando se mostraba con esa fachada en donde Isaías se enamoró de él. En aquella época, su cabello siempre estaba arreglado, no se encontraba tan delgado, y su vestimenta no eran los trapos reusados que tenía ahora. Su perenne insomnio, se reflejaba en unas enormes ojeras, y como casi no salía, su piel lucia muy pálida. En pocas palabras, su físico era tan deprimente como su hogar. —Ah, que importa — Pensó el joven echándose su cabello hacia atrás, para después coger su cacheta e ir rumbo a la Torre Eiffel. *** Cuando llegó, se encontró a Isaías en el mismo lugar de siempre, con la única diferencia que en esta ocasión llevó una botella de whisky. —Jack Daniel's — Murmura Zacary en pensamientos, viendo como Isaías se embriagaba de a poco. Se sentía nervioso, su corazón latía con mucha fuerza. Por primera vez en muchos años tenía miedo. Miedo por salir de su escondite y ver esos lindos ojos cafés una vez más. Ahora que Zacary pensaba detalladamente, en esa fecha se cumplían tres años desde que no "se veían", es por eso que el joven tatuado asumió, que aquella actitud de Isaías se debía a eso. —Me has esperado demasiado tiempo... idiota — Piensa el muchacho, al instante que el gemelo lanza la botella a medio terminar al vacío. — No tengas miedo, no temas que yo estaré a tu lado siempre — Canta Isaías mientras Zacary observa como el gemelo se sentaba en el barandal. Escucharle murmurar esa frase, hizo que el corazón del joven de ojos azules diera un vuelco, sin mencionar que le pareció bastante inusual ver a su Isaías sentado de esa forma tan peligrosa, nunca antes lo había hecho, es por eso que Zacary con una pequeña sonrisa, se montó sobre el barandal, y comenzó a caminar en dirección hacia donde se encontraba su amor, sintiendo como su corazón latía a una velocidad peligrosa. — ¿Ya no le temes a la muerte? Deberías saltar para corroborarlo — Dice Zacary, mientras se acerca hasta donde estaba sentado el pelinegro, rompiendo de esta forma el plano de los sueños, para entrar una vez a la realidad.    
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