Cuando entré al baño a asearme, lo hice con la intención de apresurarme para no perder mucho tiempo y así salir por ella. No se me pasó por la cabeza que al salir, ella tendría todo esto preparado para mí, para los dos. Es una cita, una bastante atípica porque yo estoy sentado solo con una toalla como atuendo y ella con un enorme abrigo y sin nada de maquillaje. No es la cita que mi cabeza hubiese planeado para ella, pero es la cita perfecta que la suya planeó para los dos. Y me encanta, me siento afortunado de tenerla a mi lado y que a pesar de mi arrebato, ella está aquí, frente a mí, sonriéndome, mientras no deja de comer y verla disfrutar de algo más que una simple pasta con mantequilla, es motivo suficiente para que yo sonría también. —¿Está mejor que mi pasta con mantequilla? —pre

