Layla se hallaba en una de las sillas de madera del comedor, con sus brazos cruzados, con cada músculo de su cuerpo tenso, pero a la vez temblando. Ciertamente, la temperatura había bajado un poco debido a la época del año, pero no estaba del todo segura de si se debía al clima y a la ligera ropa que llevaba puesta o al impacto de la verdad. Jacob volvió después de ausentarse por pocos minutos, colocó su libreta de anotaciones sobre la mesa y luego cubrió a Layla con una gruesa manta, mientras se ponía de cuclillas frente a ella. Frotó los brazos de ella con sus palmas cálidas por encima la tela para generar mucho más calor. —¿Mejor? —preguntó dulcemente. —Si, un poco —musitó. Ella soltó una bocanada de aire prolongada, hasta que sus pulmones quedaron vacíos. Tenía decenas de pregunta

