La casa de Jacob empezaba a tener un matiz diferente. Layla había distribuido las flores que él le obsequió en un par de floreros en la sala, además de abrir las cortinas y ventanas para permitirle la entrara a los rayos del sol y al aire fresco. A su manera empezaba a darle algo de color y vida a aquel lugar tan pálido y vacío. Ella primero pedía autorización con antelación para hacer el más mínimo movimiento de cualquier objeto, como si fuera un delito tener ideas y gustos. Jacob le estaba permitiendo que hiciera lo que mejor le pareciera, a su manera, deseaba que empezara a sentir confianza en ella y en su entorno, sin embargo, le estaba agradando ese ambiente diferente que se sentía en casa; era lo más cercano a eso que llamaban 'calidez de hogar'. ... Layla tenía el mentón levantado

