Un par de días antes… Jacob dejó caer pesadamente su mano sobre el hombro de Cassian y se inclinó ligeramente hacia él para hablarle bajo. Su padre estaba a unos pasos más atrás, aguardando cerca del auto, y no tenía intenciones de que lo escuchara. —Mantén en secreto la oficina postal y el casillero que te mostré, como una alternativa de comunicación —ordenó en un susurro. —De acuerdo, es nuestro secreto —contestó Cassian, con el destello de ilusión de un niñito que veía a un superhéroe. —Guarda mi número de teléfono... aquí —golpeó suavemente la sien de Cassian con el índice—. Me llamas si estás en problemas. —¡Wow! ¿Irías a mi rescate? —preguntó alucinado. Jacob retrocedió con un gruñido y un gesto de fastidio. —No, por supuesto que no —replicó ásperamente—. De ese modo estaré al

