Layla observaba impresionada el amplio vestidor con casi todos los armarios ocupados por la ropa que contenían las bolsas de las compras, por un momento sintió algo de preocupación por la cantidad de dinero que Jacob pudo haber gastado en toda esa ropa y calzados, hasta pensó en pagarlo, aunque le costara media vida hacerlo. Era muchísima, consideraba que era más de lo que había tenido en toda su vida. Sospechosamente la mayoría de las prendas eran aquellas que le parecieron bonitas en la tienda, en los colores pasteles que tanto le gustaban, femeninas y delicadas; sin embargo, no estaba segura de poder salir a la calle con alguna de ellas. No quería ser vista ni con un mínimo de atractivo. Entre toda la adquisición tomó la decisión y el atrevimiento de usar la ropa de dormir, se suponía

