Tan pronto Jacob sorprendió a Layla robándole un beso mientras dormía, sus manos envolvieron su nuca y la hicieron retroceder hacia sus labios. Él pasó gran parte de la noche queriendo saborearlos y le era inaceptable que existiera ese contacto estando mayormente inconsciente. No se detuvo a pensar en lo correcto y lo incorrecto, tampoco en el pudor y sus reglas. Estaba ebrio, pero hasta el momento había sabido controlar sus impulsos a pesar de que su boca no parara de hacer confesiones; sin embargo, sentir los labios de Layla provocó que la delgada línea que mantenía la prudencia de su contacto, se desvaneció por completo. Jacob tomó los labios de Layla con ferocidad al mismo tiempo que se incorporaba sin soltarla, probó fascinado, exploró con desenfreno y ella le correspondió de la mism

