El auto se alejaba de la casa de Alicia a través del camino de tierra y grava. Esta vez no era Jacob quien conducía, sino quien iba en el asiento trasero, con Joel como su chófer y Patricio en el puesto del copiloto. No se sentía en condiciones para conducir. Él se volvió para ver la casa de Alicia ya bastante lejos cuando cruzaban las verjas de madera y salían de la propiedad. En ese lugar dejaba todo lo que quería, toda su paz y la normalidad que siempre deseó. Experimentó una nostalgia que le oprimió el pecho y un temor de no poder volver a verlas, e incluso, hasta al perro sinvergüenza. De una u otra manera, también le tomó aprecio. Se preguntó cómo Layla lo tomaría cuando se enterara de que se había ido y además, sin despedirse. Estaba muy consciente de que ella era su gran debilida

