— ¿Estás segura de que puedo quedarme aquí? —¡Claro que sí amiga!, tú eres bienvenida. Samantha sonrió feliz. —Gracias. Respondió conmovida. —Oye, pero… Samantha miró a Kira que se encontraba echada cerca de la pequeña, pero lujosa sala. —Sí, sé que no permiten animales y para que ella entre tendremos que ingeniárnosla, así que trataremos de que nadie se dé cuenta. —Ella es muy tranquila, casi no ladra, esperemos en verdad no se den cuenta, pero igual puedo buscar algo más. —No amiga, ya accedes a quedarte conmigo y ahora cumples… Te he extrañado mucho; sé que a veces tenemos nuestras diferencias, pero eres la persona más valiosa para mí. Soltó Lidia, un poco melancólica, con lo cual Samantha se acercó a ella y la abrazó fuertemente. —Tú también eres muy valiosa para mí… Te quie

