Alice. Frente a mí estaba el Dios Julián Stone, tenía unas ojeras bajo sus ojos y una tenue barba le cubría su hermoso rostro. Estaba a dos segundos de llorar frente a él, pero ya no tenía lágrimas que soltar. ─Una vez dijiste que nunca irías tras una chica ─dije mirando sus ojos, él desvió la mirada al suelo y luego a mis ojos. ─Estoy impresionada ─solté, tratando de que mi voz no se quebrará. ─Y... yo... estoy enamorado ─dijo con una sonrisa en su rostro mostrando esos hoyuelos que tanto me gustaban. ─¿Qué haces aquí? ─pregunté y él pasó su mano por su rostro. ─¿Nunca me vas a dejar en paz? Caminé hacía un pasillo, me detuve y él me siguió deteniéndose frente a mí. ─Lo he intentado, pero no puedo ─dijo y asentí mordiendo mi labio. ─Quiero... decirte algunas cosas ─soltó y una lá

