CAPITULO 34 EL PODER DE LA MAFIA Las sospechas eran ciertas, estaba embarazada. Millones de sensaciones invadieron el interior de mi alma, alegría, ilusión, ternura, preocupación ¿como era posible que sintiera ilusión de tener un hijo de Massimo Santoro? Eran una de las tantas preguntas frustrada que me hacia a mi misma en aquel momento a solas en el baño, frente al espejo acariciaba mi abdomen, allí crecía un pequeñín que era parte de mi. Salí del baño con una sonrisa dibujada en mi rostro difícil de disimular, Massimo fumaba un cigarrillo en el balcón de la habitación al verme caminar por la camino a su dirección se contagio de mi alegría, besando mis labios. —Te ves hermosa embarazada —dijo, abrazándome con todas sus fuerzas —. apareciste en mi vida para curar cada una de las herida

