—Eduardo, detén el auto —pide y este hace caso, a pesar de que somos un obstáculo para otros autos—, vio eso, todos hacen lo que yo diga sin chistar, ¿Acaso usted lo ha hecho? No, le di espacio, demasiado para mi gusto, lo único que quiero es una oportunidad, porque sé que, si me lo da, se casará conmigo. Contralaré a cualquiera que esté a su alrededor para que pueda tener tiempo para mí, eso es todo, pero no la obligaré a amarme.
—Pues... —me lo pienso muy bien— usted está muy seguro.
—Siento que tengo ventaja, eso es todo.
—¿Y cuál es? —arqueo una ceja.
—La intimidad, ustedes las mujeres ligan sus emociones en el acto.
Parpadeo con rapidez y me reí en su cara.
—Usted y yo no tendremos sexo, jamás tendría sexo con usted.
Él me mira extraño, rayos, metí la pata, mi hermana y él han tenido sexo, se me olvidaba, creo será difícil actuar como ella sin que quiera dejarle en claro que con esta gemela no podrá lograrlo, pero a la vez es ventaja, ¿No?
—Digo, ahora conociéndolo un poco más, no volvería a tener sexo con usted —intento acomodarlo—, lo dije así hace rato porque ha quedado descartado.
—¿Por qué? ¿Te cojo tan rico que tienes miedo a enamorarte? —Sonríe seguro de sí mismo y yo le echo un reojo al chofer, que vergüenza que este escuchando nuestra conversación.
—No, de tipos que quieran controlar mi vida, eso no es enamorarse.
—Creí que le encantaba que llevará el control o así me gemías —se muerde el labio inferior—, pero puedo dejar que tu lleves el control, aunque no me guste.
—Yo no quiero hacer eso.
—Pues yo sí quiero que lo hagas, solo tú. —mantiene el contacto visual—. Sin embargo, como quiero que empecemos de cero, todo puede pasar a su tiempo, pero no me hagas sufrir, ahora me gustas más que antes. —me da media sonrisa.
Su sonrisa, como me gustaría borrarla de su cara. Él le hace una seña al chofer para que arranque, finalmente, ya después que varios autos nos hicieron saber con su bocina que estaban enojados.
Y como Vincenzo ordenó, fuimos a un spa, aunque el principio estuve arisca, cedí. Necesito relajarme, con rabia encima no podré llevar bien el plan a cabo, además de que no he podido contactarme con mi padre.
La idea es enamorarlo, lo suficiente como para que me permita estar cerca de sus socios o que me cuente más sobre su vida.
Mientras yo era relajada, notaba que él andaba mucho en el teléfono, texteando o hablando por llamada, pero se mantenía cerca.
—¿No deseas acompañarme? —Arqueo una ceja, extrañada.
Pues él fue quién hizo esto para estar conmigo.
—En un momento, necesito trabajar, descansé demasiado y se atrasaron algunas cosas. —me explica.
—Pero tu querías esto y no estás aprovechando el tiempo.
—Solo quiero verte descansar y relajarte, pero si quieres que te acompañe, lo haré. —me dice y asiento, el guarda el teléfono—. Iré a cambiarme.
Minutos más tarde, él vuelve en bata y esta mostraba un poco su pecho, un pecho marcado por los ejercicios, además de las heridas de balas, se ven un poco. Luego de que me hacen el manicure y el pedicure, ambos nos levantamos y nos fuimos, siendo guiadas por chicas a un salón de masajes, aunque nos iban a poner por separados.
—Ella y yo somos pareja, ¿vale? —aclara él y las señoritas asienten, llevándonos a un salón para parejas.
—Vaya forma de ir lento —le digo a él rodando mis ojos y entrando al salón, pero soy detenida por él, me sostiene el brazo y me atrae hacia él.
—Eso es entre usted y yo, pero hay que dejárselo en claro a los demás, no quiero confusiones mientras lo intentamos, eso no va conmigo...
—¿Por qué?
—No querrás saberlo, créeme.
Me suelta y me hace un gesto con la mano para que retome el camino, entro finalmente al salón y nos piden que nos quitemos la bata, y yo me avergüenzo.
—¿Podrían pasarme una toalla? —pregunto y todos ellos ven a Vincenzo antes de hacerme el favor.
Él me ve analizándome y me aproximo para explicárselo.
—Ya has visto mi cuerpo antes, pero ahora me ves diferente, ¿no? Antes era fácil.
—Claro, no tengo problema —mira a los empleados y les dice que sí con la cabeza.
—¿Ya los conoces? Es que no hacen nada a menos que tengan tu permiso.
—Soy un cliente muy importante aquí, es todo. —Me guiña el ojo y se quita la bata, me tapo los ojos de inmediato y se ríe—. Estoy en bóxer, tranquila, quiero que te enamores de mi corazón, no de la bestia. —se ríe.
—No es por enamorarme, es por igualdad —le aclaro.
—Pues a mí no me molesta lo que quieras hacer conmigo, solo me importa lo que yo haré contigo y como me haces sentir por hacerlo.
—Pero mostrarme es hacer algo por mí, ¿no?
—Buena jugada.
Pasan unos minutos y me avisa que ya puedo mirar, aunque no le hago caso al principio, él no insistió, más bien esperó, y yo con desconfianza me destapé los ojos y era cierto, ya podía ver, él estaba acostado boca abajo en la camilla con una toalla envuelta en su cintura y en la otra camilla me esperaba una toalla, me acerco a la camilla y los empleados se dan la vuelta en forma de respeto.
Cambio la bata por la toalla, enrollándomela en la cintura y me acuesto boca abajo en la camilla, una vez lista, aviso que ya pueden hacer su trabajo.
Siento primero un líquido tibio en mi piel y luego unas manos hacen su magia, esto comienza a relajarme, al punto de quedarme dormida, hasta que un móvil suena y me despierta.
—¿Qué pasó? —preguntó.
—Lo siento hermosa, necesito irme —giro mi cabeza y veo que Vincenzo se sienta en la camilla—. Lucas se quedará contigo, cualquier cosa que necesites, se lo pides.
—No sé quién es Lucas —le digo.
—Yo te lo haré saber.
Se baja de la camilla y se acerca a mí para dejarme un beso en la cabeza.
—Lo lamento, sé que querías empezar de nuevo, pero no deberías quitarme los besos al menos —me dice.
—No, yo... —tengo que ceder en algo—. Lo hablaremos en la noche.
—Sí, por favor, anda muy extraña que me desespera saber qué te pasa conmigo, por eso quería verla ya, para calmar la tensión antes de hablarlo.
—Y parece que eso tendrá que esperar, nos vemos en la noche.
Me despido de él y se va, continúo recibiendo masajes y mientras lo hacen, estoy pensando. Ando muy bipolar, y es porque tengo las emociones mezcladas, no sé qué hacer, necesito un apoyo, alguien que sepa la verdad y me guíe, que me ayude a no meter la pata, ya que, por una parte quiero ser muy buena con él, como mi hermana estuvo actuando, pero otras veces deseo tratarlo mal por lo que hizo, mierda... necesito a mi padre, pero ¿cómo lo hago? Con este tipo encima, si supo dónde trotaba, debo tener más cuidado, no quiero que me maten por ver que trabajo con la policía también.
Horas más tarde, acaban los masajes relajantes, todos se salen y me dan espacio para colocarme la bata, una vez lista, salgo del salón y me espera una chica que me guía para cambiarme de ropa, luego de que me coloco mi uniforme de vuelta, voy a la salida y veo a un hombre traje, con el nombre de Lucas en su pecho.
—Hola, ¿Eres el Lucas que trabaja para el señor Moretti? —le pregunto y este asiente.
Además de sacar su teléfono y mostrarme un video en donde le señor Moretti lo presenta.
—¿Fue necesario eso?
—Alguien se puede hacer pasar por mí para tenerla a usted y llegar al jefe —me asegura.
—Tu jefe es muy importante, ¿Sabe de qué trabaja?
—Es un empresario muy envidiado.
—Ambos sabemos que eso no es así.