No puedo dormir. ¡Vamos Sofía! ni que fuera la primera vez que compartes el techo con este hombre. En cinco años has dormido en la habitación de al lado y no te había quitado el sueño, así que esto es exactamente lo mismo. Claro que antes el muy cretino no te miraba como agua en el desierto, ni te besaba como si no hubiera un mañana. —Necesito calmarme, mejor me hago un té — salgo de la habitación, miro al final del pasillo, ¿será que está bien y cómodo?, ¿si voy a ver? —no, no, vas a la cocina y te haces un té y luego a dormir. Voy a la cocina, al regresar me lo encuentro en la sala viendo por la ventana, casi provoca que tumbe el té. —¡Dios!, me asustaste, ¿Qué haces ahí como fantasma? — le digo. —Admiraba el paisaje, es una linda vista. —Sí, lo es. Esa fue una de las razones de po

