Hannah lo miró de repente. Sus poderosas mandíbulas se movían con tal determinación que estaba petrificada. - Nada en absoluto. Ella mintió, poniendo sus manos a cada lado de su plato. - Creo lo contrario, creo que te estás preguntando si soy capaz de hacerte daño. No estaba equivocado, pero ella se negó a decirlo. - Si sales de la cárcel, es normal que se me pase por la cabeza. Ella susurró sin mirarlo. - No pretendo violarte. - ¡Eso no es lo que estaba pensando! Hannah exclamó con dureza, con las mejillas en llamas. Impasible, la miró con insistencia, lo que no dejó de ponerla nerviosa. - La miré detenidamente, Srta. Stewart. - Verdaderamente ? Cruzó los brazos mientras se apoyaba en el respaldo de la silla. - Sí, desde la distancia pero lo suficientemente cerca como para dedu

