04. Toxico p1

3996 Palabras
El chofer llegó por mí en menos de lo que cantaba un gallo. Cuando llamé a mi nana Paty comentándole sobre el “pequeño incidente” que tuve entrenando y que debía descansar por lo menos dos días en casa, ella se apresuró a decirle a Brad, el chofer, que viniera por mí a la universidad. «— ¿Cómo que un incidente, niña?— Me había dicho, haciendo notar su preocupación. Reí suavemente al escucharla, entonces ella volvió a hablar. —¿Estas mintiendo, Cory? Porque si lo estás haciendo le diré a tu madre que te castigue por mentirosa. —No, nani, sabes que jamás te mentiría a ti— Le aseguré componiéndome y sentándome bajo la sombra de un árbol, justo en una banca blanca. —Pasa que he estado ensimismada y he hecho mal el brinco mortal. —Supongo que por eso le llaman brinco mortal— Dedujo ella. —Ay, peque, ¿Y qué necesitas que haga mi niña? Suspiré —¿Puedes decirle a Bradley que venga por mí? Estaré esperándolo fuera del edificio principal. La escuché hablarle después de escucharme, diciéndole que se apurara y dejara el desayuno para después, eso me hizo sentir mal por haberle robado su tiempo para comer. Quise decirle que podía pedir un libre o un Uber, pero se negó. —¿Cómo crees que dejaré que te vayas en un auto desconocido? No, Kassie, Bradley ya va en camino por ti, espéralo ahí y nos vemos aquí». No tuve más remedio que esperar a Brad, pues si le llevaba la contraria a Patricia Moreau, haría que mis oídos sangraran escuchando su música francesa... Ella es la mejor amiga de mi madre, hace unos cuatro años perdió a su marido, nadie sabe cómo o porque perdió la vida, ella tampoco menciona mucho sobre él, quizás le seguía doliendo la muerte de su marido, no sé, solía creer que cuando una persona pierde a quien amaba tanto, desligarse de su recuerdo no sería fácil, pero poco entendía de ello, solo había vivido la muerte de un familiar cuando estaba pequeña y dolió, claro que lo hizo, pero no fue intenso, no afecto mi vida después de ello, así que no conocía en realidad lo que era perder a alguien realmente importante y valioso para mí. El chofer estacionó el Ashton Martin cerca del árbol, del auto bajó un hombre entrajetado, con corbata y gorra negra tipo boina que le favorecía mucho. Bradley no era viejo, de hecho, era ese tipo de chofer con el que podrías tener sueños húmedos. Sus ojos eran negros, tan oscuros y profundos que podías sentir su mirada desde lejos; tenía cabello n***o y sus rasgos asiáticos lo hacían notable entre las personas de Madrid. Y para ser honesta, Bradley no tenía pinta de chófer, más bien, parecía de los que se sentaban en la parte de atrás y daba órdenes, así como mi padre, o Ithiel. —Señorita Cory— Saludo, yo le sonreí amable. Él me abrió la puerta trasera del auto y esperó a que subiera para hacerlo él también. Era serio, nunca decía más de lo que preguntaban o siquiera trataba de hacer conversación, lo que me parecía extraño, pero trataba de no darle mucha importancia, quizás solamente era muy reservado consigo mismo y solo quería hacer su trabajo como era debido. En silencio, el auto se movilizo hacia casa y yo me entretuve viendo el paisaje sin interés de ver mi móvil. El palacio real se hizo notar con toda su mayestática al pasar por la calle de Bailén, donde, prácticamente se encontraba localizado, luciendo monstruosamente imponente. Tuve la oportunidad de conocerlo el año pasado, debido a las conexiones que el padre se Ithiel tenía en la realeza, lo único que supe es que James Hale era familia cercana del rey, pero así como Harry, el principe de Inglaterra, renunció a sus títulos para casarse con la madre de su hijo. De Ithiel Hale. Pensar en ello me hizo suspirar ¿Cómo era posible que tuviera tanto poder sobre mí, simplemente con susurrarme? No podía negarlo, podría insultarme, engañarme o utilizarme como un trapo sucio y solo necesitaría su voz y sus palabras hipnóticas para hacerme olvidar el daño que me hacía. Estaba tan ciegamente enamorada de él, tanto que era incapaz de encontrar mi voz y gritarle ¡Basta! ¡No más! Aún no entiendo cómo es que me olvidé de mi determinación con terminar con lo que sea que tuvieras, y darme cuenta de lo manipulable que era para él me hizo sentir mal. Antes de que pudiera derramar una sola lágrima, el auto aparcó frente a la enorme y elegante puerta frontal de mi casa. Bajé del auto una vez que Brad abrió la puerta por mí, y con mi bolso colgado al hombro, entré a mi dulce y cálido hogar. Lo primero que recibí, fue el ceño fruncido de Paty, quien miraba mi pie con el cabestrillo totalmente desconcertada. Se apresuró a ayudarme aún sin tener la necesidad de hacerlo, porque yo podía sola, no era como si no supiera dar pequeños brinquitos, cuando desde que era una pequeña cría me la llevaba brincando y dando marometas por todos lados. Mamá decía que desde que tenía tres años ella y mi padre supieron que sería toda una atleta profesional, por lo que no dudaron en meterme a una academia de gimnasia para que desarrollara de mejor manera todas mis habilidades atléticas. En primaria llegue a protagonizar papeles importantes en el teatro, utilizando tanto mi pasión para actuar, como también para hacer ballet y atletismo. Gané primeros lugares en concursos olímpicos llevándome medallas de oro o trofeos con mi nombre marcado en la base y todo aquello me hacía sentir tan orgullosa de la persona tan apasionada que fui antes, esa que no se dejaba vencer ni por la mínima mosca que se cruzara en su camino. —Nani, te juro que estoy bien.— Repetí por décima vez —No hay necesidad de que pase toda la tarde bajo las cobijas. En dos semanas me quitaran esa cosa ¿Podrías no preocuparte más? Paty se me quedó observando sin quitar esa expresión consternada. Así era ella, solía preocuparse de más por cosas tan mínimas como un raspón, pero la amaba mucho, era como una segunda madre para mí. —¿Por lo menos desayunaste algo? —No, pero tampoco es como si tuviera hambre— Después de lo qué pasó con Ithiel, dudaba tener ganas de comer. —De todas formas, aunque no tengas hambre te prepararé unas tortitas... La miré sonriente, solía tener una dieta estricta a la hora de comer, pues ser atleta y porrista me obligaba a comer adecuadamente para mantener un kilo y medio por debajo de mi peso ideal, a veces era estresante, pero procuraba soportarlo teniendo solo un día a la semana para comer lo que se me viniera en gana. Y mi nana sabía que las tortitas eran mi desayuno preferido. —¿Puedo ayudarte?— Pregunte ansiosa. Luego entrelace mis dedos rogándole con ojitos de perrito. Comúnmente, ella se encarga de supervisar que todo esté en orden dentro de la casa, pero cuando se trata de mí y mis hermanitas no duda en consentirnos preparando delicias de comida —por lo menos mis hermanas si podían comer hasta llenar sus barrigas—. ¡Ay, como las envidiaba! —¿Y el pie? Sonreí nuevamente divertida, ella estaba muy preocupada por mí, pero eso no era lo que a mí me alteraba entonces, tal vez no podría entrenar con las chicas y chicos por un rato, pero no iba a durar demasiado, en cambio, las sensaciones de tristeza que Ithiel me hacía sentir sí durarían lo suficiente como para tener a mi alma consternada demasiado. (***) Durante el horario de clases, fui recibiendo mensajes de Caritshma indicándome qué debía estudiar y pasándome los apuntes de cada clase. Solía ser la más aplicada de mi generación, nunca faltaba a clases —a excepción de esta vez—, jamás entregaba un trabajo o tarea a destiempo, anhelaba poder ir de intercambio al extranjero, razón por la que me esforzaba demasiado en sacar la mejor calificación de mi clase. Y ello enorgullecía a mis padres mucho más de lo que ya lo estaban de mí, me daría pena si supieran que su hija ha hecho cosas indecentes en horario escolar, esperaba no tener que darles explicaciones sobre mis acciones en ningún momento. Comí un par de tortitas con miel de maple, una ensalada de frutas variadas y un poco de leche de almendras, hice mis trabajos y mis tareas toda la mañana y parte de mediodía, para las dos en punto, mi madre había llegado diciendo que las gemelas se quedarían en casa de unas amiguitas, fue ahí que Paty le comentó lo que me pasó y mi madre insistió en llevarme a ver al doctor familiar, no pude decir que no quería, porque ella haría lo que fuera por llevarme a ver al doctor. Al final de cuentas, este me tomó la presión, salió alta y mamá no dudó en preguntar todo lo que hice durante las primeras horas. Solo dije lo ocurrido al hacer la caída mortal, evité hablar sobre lo ocurrido con Ithiel, más por ella que por mí. —Bien, Cory, te recetaré unos analgésicos para el dolor del pie y te daré clortalidona para bajar la presión y procura no hacer mucho movimiento con el pie, seguro que ya te lo dijo Ericka, pero te lo vuelvo a decir yo, es necesario que descanses para que te recuperes rápido. Odiaba que me trataran como si fuera una niña pequeña sin idea de lo que debe hacer para mantener su salud estable, pero solo sonreí asintiendo, siendo la perfecta, la que no hacía nada mal ni era malcriada con sus padres. Una vez salimos del consultorio y subimos al auto, me coloqué los audífonos para escuchar música. The Heart Wants What it Whants de Selena Gomez comenzó a reproducirse, dejando que mi corazón latiera al son de la letra, llevándome a las primeras horas de aquel día. The bed's getting cold and you're not her (La cama se enfría y no estás aquí) The future that we hold is so unclear (Nuestro futuro es tan incierto) But I'm not alive until you call (Pero no me sentiré viva hasta que llames) (...) There's a million reasons why I should give you up (Hay un millón de razones por las que debería renunciar a ti) But the heart wants what it wants (Pero el corazón quiere lo que quiere) Las canciones de Selena son como si fueran dedicadas a mi persona. Esa canción me recordaba a Ithiel y todo lo que me hacía sentir, el dolor que causaba... No quería llorar, no quería y cuando estuve a nada de hacerlo, mi celular se escondió mostrando una llamada entrante. Era de él, de Ithiel. ❤️AMOR❤️ Leí el apodo que le puse y reí solo para evitar llorar. Descolgué el móvil siendo consciente de que mi madre escuchaba, entonces lo oí hablarme histérico. —¿Dónde demonios te has metido? —Eh... yo— Balbuceaba como una boba niña temerosa. Aclaré mi garganta y le solté todo. —Fui a enfermería y Ericka me mando a casa, no iré hasta dos días después. Lo escuché respirar profundo, juraría que si lo miraba podría estar viéndolo pasarse la mano por el cabello y luego por el rostro de manera frustrada. Así era él, así lo amaba. —¿Por qué no me avisaste?— Preguntó conteniendo su coraje. —¿Sabes que pensé? —¿qué?— Inquirí en un hilo de voz, me encogí en el asiento y comencé a mover la pierna que no debía mover inconscientemente, causando un sonido similar al de un jadeo de dolor. Pero él pareció malinterpretarlo. —¿Con quién estas? No dije nada. —No me hagas enojar más, Cory, dime con quién cojones estás Sobresaltada por su manera tan demandante de hablarme, miré al frente donde mi madre me miraba extrañada por mi forma de actuar. Tomé la punta de mi trenza con un dedo y lo enrollaba y desenrollaba nerviosamente. —Estoy con mi mamá. —Mientes— Soltó. —No, escucha— Puse el móvil en alta voz y le hablé a Ginebra, mi madre para que lo saludara. —Hola, hijo.— Saludó ella, entusiasmada por escuchar a Ithiel. —¿Vendrás a la casa esta noche a ver a Kassie? Me gustaría que nos acompañaras a la cena. —No.— Fue seco, pero se pudo escuchar un suspiro proveniente de la otra linea. —Está noche tengo pendiente un asunto familiar, pero ya será otro día. Te veo mañana, Cory. Y así, sin más, cortó la llamada, dejando de vuelta un nudo en mi garganta y a Ginebra Gutiérrez algo confundida. Ella me observo esperando una respuesta, pero no dije nada, como siempre que se trataba de él, solo callaba y me escondía en mis pensamientos. —¿Estás bien, cariño?— Preguntó mi madre, yo solo asentí y me dispuse a ver el atardecer. (***) La puerta de mi habitación se abrió repentinamente, tomándome por sorpresa con la llegada de mis dos mejores amigas. El día anterior, al llegar a casa solo me fui al cuarto y escuche música hasta dormirme, no comí, no cené, no traía humor de ello, pero ese día me sentía un poco mejor. Ambas chicas se sentaron sobre mi cama, procurando no lastimar mi pie y me saludaron con mucho entusiasmo, para después hablarme de lo que hicieron el día de ayer. En general, Caritshma fue a casa de Ethan y tuvieron sexo, sexito, sexon. Así le decía ella cuando él comenzaba a ser un poco romanticón y al instante cambiaba a su estado amargado de siempre. Ethan era el mejor amigo de Ithiel, hacían casi todo juntos, se conocían desde niños y bueno, eso es todo lo que sé sobre su amistad, él no me contaba mucho. —Hemos decidido— Caritshma sonrió en complicidad con Marjorie, esta última se hizo el cabello hacia atrás y jugueteó con él por unos segundos. —...que pasaremos el día contigo, Oky Koki. Fruncí el ceño, no queriendo que ellas deshicieran sus planes solo porque yo debía descansar un poco, así que negué lentamente con la cabeza. —¿Están locas? Deben ir a clases ¿Luego quien me pasará los apuntes?— Pregunte. En realidad, eso no era un problema, de hecho, Cari tuvo que maniobrar para conseguirme los apuntes dentro de mi edificio, ya que ella en realidad, estudia administración de empresas «lo mismo que Ethan», pero es tan buena amiga que hace lo imposible por ayudarme. —Alguien nos pasará después los apuntes, no te preocupes.— Dijo Marjorie mientras deshacía la trenza que ayer me hice para complacer a Ithiel. —Oye, Oky ¿Ayer pelearon verdad? —¿Cómo lo sabes? ¿Él te lo dijo? Aunque quiso desviarme la mirada para evitar responder a eso, asintió apenada. Eran algo así como mejores amigos, se conocieron en el instituto y desde entonces, se hicieron muy buenos amigos. Sobó suavemente la parte en que se forman las líneas de expresión y frunció la boca queriendo que olvidara el tema. Pero no podía hacerlo. Ya lo dije, cuando se trataba de él todo era como si me llamara desde lo más lejos para saber un poquito sobre él, sobre quién era en realidad. —¿Qué te dijo?— Tomé su mano a modo de súplica. —Por favor, Mar. Suspiró resignada. —Sabes que conozco a Ithiel desde su faceta de Niño promiscuo— Dijo haciéndome sonreír. —y por eso lo que te diré, será que no pierdas la fe con él, Cory. Mi fe ya se encontraba resquebrajada desde que me dijo que no podía amarme. En cualquier momento dejaría de existir, de eso estaba muy segura. —Es un idiota— Me atreví a decir, con el pecho doliendo. —¿Si no me ama por qué no dejarme? —No, la pregunta correcta sería ¿Por qué si te hace daño, no te alejas? No me gustaba cuando Marjorie me hablaba con narcisismo, o cuando se comportaba pedante. Comprendía que ella quería mucho a Ithiel y lo protegía porque era su mejor amiga, pero también era la mía y eso me ponía triste. Acallé mi pensar, me encogí en mi cama y tapé mi cara bajo los cobertores. Su pregunta me dejó peor de lo que estaba respecto a mi relación con él, y es que era verdad ¿Si me hace daño, por qué no dejarlo? Sollocé temblando, con mi corazoncito entristecido y latiendo como si un motor de carro estuviera dejando de funcionar. Y es que, en parte, yo estaba dejando de funcionar, me estaba despedazando como un trozo de papel inservible. Entonces, cuando ya no sabía cómo dejar de llorar tan desconsoladamente, escuché a Caritshma, esa que nunca me dejaba sola y aun cuando ella estaba terriblemente mal, se quedaba a mi lado viendo por mi bienestar. —Pareciera que estás enamorada de él— Le soltó a la otra rubia, casi podría asegurar que la expresión de Marjorie era de indignada. —¡¿Qué?! ¡Ay por Dios! NO. Ambas empezaron a discutir y yo me encogía cada vez más bajo las cobijas, preguntándome ¿Ella sería capaz de hacerme eso? Me negaba a creerlo, llevábamos dos años enteros siendo amigas. No iba a echar a perder nuestra amistad como si nada... ¿O sí? Mientras ellas discutían, yo me dedicaba a cerrar mis ojos y tratar de dejar de suponer cosas que no tenían el mínimo sentido, para poder tranquilizar a mi cabecita que parecía estar hecha un lío. Después de un rato me quedé plácidamente dormida en un profundo sueño que ni un insignificante sonido podría perturbarlo. (...) DOS SEMANAS DESPUÉS 24/marzo Por fin, era el día en que me quitarían el cabestrillo y podría ir a la escuela sin la necesidad de que todos estén encima de mí. Relajé mis hombros, ignorando lo que el doctor decía, no me apetecía escuchar recomendaciones de cuidado para evitar una nueva lesión, sabía lo que tenía que hacer y era evitar desconcentrarme durante mis entrenamientos. Una vez que terminó de quitar el cabestrillo y me dijo que todo estaba bien con mi salud, salí junto a mi nana del consultorio. Esa vez no pudo acompañarme mi madre, tenía un viaje que hacer a Barcelona y, por consiguiente, no iba a estar hasta la tarde de este día. Dentro del auto, hice lo mismo que había estado haciendo durante las últimas dos semanas —mismas de las que no había sabido nada de Ithiel—, me recargue sobre el asiento y presté mayor atención al camino que comenzaba a aprenderme de memoria. Suspiré profundo, observando a la gente que iba de aquí para allá con abrigos y paraguas, el día estaba encapotado de nubes grises, los noticieros informaban que habría precipitaciones constantes, pero nada más fuera de lo normal. —¿Qué te tiene tan desanimada, Kassie?— La dulce voz de nani me devolvió al presente. Advertí sus ojos marrones y para no tener que hablar sobre lo que me tenía mal, le sonreí y contesté con otra cosa. —Es el día, nani— Dije justificando mi desánimo. —¿Segura? Asentí sin palabra alguna. Paty respetó el que no quisiera hablar y yo se lo agradecí. La universidad Hodsson nos recibió tan imponente como siempre, con su enorme estructura al estilo barroco. Me despedí de ella recibiendo su bendición y el beso en la frente que casi siempre me daba antes de ir a la Uni. Las miradas estaban sobre mí mientras pasaba por los pasillos del edificio principal. Por algún motivo me sentía como un pequeño insecto siendo perseguido por sus depredadores, para ser ingeridos o simplemente, matarlos. Sujeté con más fuerza mi bolso, estaba intimidada por las miradas que me daban, pero no era para más, después de todo la discusión que Ithiel y yo tuvimos hace dos semanas no pasó desapercibida para nadie y cuando digo que, para nadie, es nadie en realidad. Las r************* tenían fotos de nosotros donde parecía que discutíamos, también aquellas en las que me besaba como un maldito poseso, haciéndome ver como la débil de la relación. Avancé hasta llegar a los vestidores, me puse el uniforme de las Sweetvinx y me dirigí a las chicas que estaban dentro del vestidor. —Volveremos a practicar el mismo paso que dejamos pendiente, es importante sacarlo pronto porque se acercan las semifinales contra los del equipo Serna.— Espeté firme y autoritaria. —Nada de quejas, ya tuvieron dos semanas de descanso y eso es suficiente. —Cory— Diana, una de las porristas principales, se acercó a mí. —¿Dime? —¿Es cierto lo que se dice?— Fruncí el ceño sin entender de que hablaba, ella como si leyera mi mente, aclaró su pregunta. —¿Tú e Ithiel terminaron? Me quedé pasmada ¿Así que por eso tantas miraditas inquisidoras? Negué con la cabeza, tragando saliva. Si bien, no sabía dónde estaba él, tenía la seguridad de que no me había botado por otra. —¿Y, entonces dónde está Ithiel?— Volvió a Inquirir, para entonces, Caritshma apareció a mi rescate. —Eso no es de tu incumbencia, Diana, vete al gimnasio, ya comenzaremos con la rutina. Diana quiso insistir en preguntar, sin embargo, Caritshma se encargó de hacer que desistiera, mandándola de vuelta al gimnasio. Ya solas las dos, nos saludamos cómo comúnmente lo hacíamos y hablamos un par de cosas triviales en lo que arreglaba mi maquillaje. —Te lo juro, Cory, todo el mundo cree que ustedes dos terminaron— Rodé los ojos odiando las especulaciones. —Pues deja que la gente piense lo que quiera— Dije sin darle mucha redundancia, no era como si me importara mucho aquello, mi relación con Ithiel estaba bien, ambos estábamos como siempre. —Dicen que Ithiel no ha venido a la Uni... —¿Qué yo qué? Su voz, su ronca y sensual voz.... me di media vuelta encontrándome con sus preciosos ojos azules. Esos mismos que me hechizaban todo el tiempo que quería, esos que me esclavizaban y me ponían a su merced. Pese a que venía acompañado de Ethan y Draky, estos eran irrelevantes cuando lo miraba a él. —Bebé— Lo saludé, luego besé sus labios, presa de su hechizo cautivador. —Te extrañé. Porque sí, lo había hecho durante las dos semanas que no había venido a la universidad. Frío y hermético, recibió mi beso, convirtiendo la ternura con la que lo hacía, en posesividad, en lascivia. —¿Ya se te quitó ese berrinche estúpido?— Susurró en mi oído. Mi piel se erizo por ello y me quedé inmóvil, tensa por sus palabras. —Espero hayas entendido— Volvió a susurrar tan bajito que solo nosotros dos pudiéramos escuchar. —que, aunque lo desees, jamás podrás dejar de quererme cerca de ti. Alcé mi mirada enfrentando la suya, era tan dura, tan gélida que quemaba en lo más profundo de mi alma, porque sí, el hielo era capaz de quemarte. Mi mente gritaba que era suficiente y mi corazón seguía cegado, cegado aún cuando él había demostrado no ser lo que necesitaba en realidad. Sin mencionar absoluta palabra, quite sus manos de mi cara y me movilice hasta donde estaban las chicas para comenzar a hacer la rutina. Ithiel me observaba desde lo lejos, perplejo por haberlo dejado a un lado, pero no iba a permitirle más control sobre mí, o eso es lo que quería creer yo.
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