Realidad distorsionada. En eso, vivimos mayormente los drogadictos. Lizardo se había hecho más frecuente en mi casa, y hablábamos de la posibilidad de estar juntos aunque yo pretendía no estar muy interesada. Mi corazón estaba herido, todas las personas de mi vida me habían arruinado, y la única persona que no había lastimado, que aún no sabía lo que podía ser realmente mi otro lado, estaba acabándome en los pechos, alabando mi figura, se reía a la par que yo decía algo horroroso, y nos besábamos con canciones que a ambos nos gustaba. En alguna película escuché que el hecho de tener tantas cosas en común con un imbécil no significa que esta persona será tu alma gemela. Pero mi corazón había hecho caso omiso a ello y solo me salía reírme cada vez que lo veía, una carcajada que hace mucho

