Cap 16 — Tú me hiciste esto.

2014 Palabras
Los días de internación posteriores a que despertara del coma, solo podía ver a mi hermano sentarse frente a mi lado con gesto compungido, pensó, supongo, que el dolor que yo atravesaba se sentía por las cosas mas comunes de esta vida, como es el que te rompan el corazón. Mi madre me abrazaba en cada momento, como si enserio hubiera pensado que me perdería, mi padre también, solo recibía amor, y pensaba en porqué estas cosas no me llenaron antes, porque me importaba cuando tenía sueros y desperté de un coma. Es cierto que las personas comienzan a darse cuenta de las cosas que tiene cuando uno las pierde, me lo preguntaba mientras  trataba de hacerlos reír, estaba pálida, y toda mi familia era testigo de que había tenido una recaída, que no había podido más. No lo hablábamos, pero mi madre decía que ahora en adelante el mundo se pondría más difícil, porque la parte difícil era volver al mundo después de haber vivido lo que viví. Y esto me daba ansiedad. Sin embargo, volví a hablar con mis amigas de a poco, les conté de a poco lo que podía y lo que quería, sabía que en el fondo las personas no tienen recaudos para el dolor ajeno, y mucho menos cuando se trata de vacíos. Así que me mantuve ocupada en aíslarmente voluntariamente y en ver cosas que distrajeran mi mente. Ya no quería saber nada de chicos, ni de nada de amor. Me habían roto el corazón y esos pedazos quizás nunca los volvería a poder unir. Y al decir verdad, también pensaba que no importaba. Pero cuando salí del coma, y las cosas se enfriaron, mis padres me tenían totalmente controlada, es decir, no iba a poder hacer nada, ni abusar de nada. Por momentos me compraba un vodka por mi misma, y esperaba en las noches los somníferos, bailaba un poco sola, con auriculares, al son de la música, y eso era todo. Ése era mi bloque. El bloque dos consistía en charlar un poco con papá y mamá, volver a recuperar su confianza. Aunque en la generalidad de los casos, solo sentía que ya no había nada más que hablar. Es decir, ellos no eran el problema. El problema era yo porque estaba triste, y las personas tristes son como ególatras sin rótulos, solo quieren hablar de sus miserias, si es posible contagiarla un poco y volver a abrazarla, a la miseria. Jamás avanzan ni buscan respuestas reales. El tercer bloque era dubitativo, veíamos una película que ya habíamos visto, en familia. O dejaba a mis padres que eligieran lo que quisieran ver, pero en ocasiones ellos también solo querían respirar. No lo admitían, pero sabía que en este tercer bloque yo ya les significaba una molestia, porque no podían hacer lo que quisieran libremente porque elegían dejármelo a decisión mía. No tenía metas ni expectativas, estudiar siempre era un trámite, casi como trabajar, pero no me maravillaba la idea.  No tenía metas sobre lo que quería hacer, y por eso es que fue muy fácil tener como meta a un imbécil. Giuliano ya no me había vuelto a escribir y honestamente, no sé si hubiera querido que lo hiciera. Me había sentido tan mal, que la noche que me encontró mi madre convulsionando en el suelo, había bebido treinta somníferos y treinta xanax mientras los empujaba con vodka y no hacía más que ver al techo sintiéndome mal por todo lo que había sucedido. Me hubiera encantado ser otra persona, y no ser esto, que siente tanto y le duelen demasiado las cosas, pero estaba rota en el suelo pensando en todo lo que le había estado pidiendo a Giuliano que sea para mí, preguntándome porqué no era importante para él como lo era para mí, ¿soy tan poco para alguien que prefiere la nada a estar conmigo? Pero debía dejar de mentirme a mi misma, debía dejar de pedir que alguien me de más. Me entregué a mis padres, abandonada, y rota, porque así lo estaba, y durante dos meses ellos me cuidaron muy bien. Mi cabeza estaba bastante atontada, había bajado de peso, mis ojeras terminaban en mis pies, me costaba muchísimo pensar, leer, o siquiera hablar unas cosas. Y a su vez, todo ese tiempo, para mí fue tan grande como poco, pero el tema es que, no fue en el tiempo real en el que sucedían las cosas. Quería estar limpia, quería estar limpia y Dios sabrá cuantas veces buscaba hacerlo y volvía a sentirme mal con todo y volvía a caer. Después de un tiempo, comencé a ir a lugares que me importasen, a los que solía frecuentar antes de Giuliano y solo lo buscaba con la mirada, nada me apetecía, era un fantasma de mi misma, nadie sabía tampoco de Giuliano en mi vida como para notar su ausencia, ya que nunca lo había podido presentar a nadie. Y era incluso más horrible, sentirse rodeado de personas y estar solo. Tardé tanto en disfrutar de que estaba realmente sola en este mundo, y de que Giuliano jamás me había amado. Sin embargo, cuando tenía posibilidad, lo llamaba un poco borracha y él no contestaba. Lo había llamado 234 veces, y ninguna de las veces contestó. Sabía que era yo, porque aún podía ver su foto en mis contactos, pero no le importaba. Y un día, me pareció una buena idea, tomar todos los tequila, vodka y tragos que me regalaran en el mundo, bailé y besé a todos quienes estuvieran allí, y pensé que esto me recordaría a mi felicidad antes de Giuliano, pero luego volví a casa sola, y me di cuenta que al final, el problema no eran ellos, era yo. No estaba sanando, debía dejarlo ir. Debía dejarlo ir. Debía perdonarle. Debía perdonarle para perdonarme también a mí. Y debía seguir adelante, porque cuando cavas un pozo tan enorme de tristeza, lo único que encontrarás al fondo del pozo es a ti mismo. Y yo solo me tenía a mí. Entonces, Giuliano debía ser un capítulo terminado en mi vida. Pero no lo había sido, me había defraudado a mi, a todos a quienes quería, y no estaba sobria para nada, solo vivía por inercia. No quería despertarme y quedarme en la cama era mi pasatiempo favorito. Lo intentaba, lo intentaba enserio, pero cuando estaba sola, cuando la noche caía y nadie hablaba solo estaba el silencio y el silencio en ocasiones tiene voces y esas voces me recordaban todo el tiempo que solo había hecho las cosas mal. Y si hubiera podido elegir nacer distinta, si tan solo lo hubiera podido elegir, lo hubiera hecho, y lo más grave es que no es por mí, es por los demás. Quería dejar de ser un problema para todo el mundo, y sin embargo no podía dejar de serlo. Quería dejar de sentirlo todo, pero eso solo hacía que me sienta aún peor, que me sienta culpable porque aún así sentía todo tan grande y no estaba preparada para el mundo. Creía que era una imbécil. Pero solo era humana. Y hay otras partes, que suceden cuando el amor y la añoranza comienzan a sentirse como odio y rencor, cuando los sentimientos y las explicaciones de porqué no había funcionado las cosas con Giuliano no bastaban y me repetía que era porque él tenía la culpa. Esta es la parte cuando comienzo a creer que porque alguien me haya roto el corazón significa que es una mala persona, y también es la parte importante previa a soltar cualquier encanto, porque comienzas a desencantarte fácilmente, porque los recuerdos se reemplazan, porque rememoras con mayor detenimiento los sucesos, y entonces la respuesta que antes no veía estaba ahí, él me había abandonado mucho antes de que me dejara en mi casa. Él me abandonaba todo el tiempo, el problema es que confundí abandono con indiferencia y cuando volvía a aparecer las cosas en mi cerebro volvían a calibrarse. Pero no era justo para mí, me estaba matando. Luego, también lo culpé. Sobretodo cuando después de la sobredosis no podía musitar palabra alguna, o enviar un simple mensaje de texto porque mi vista era doble, y sobretodo y lo más triste, es que odié al mundo por una sola persona que habitó en él. Le echaba la culpa de todo, Giuliano era el culpable de lo que me había sucedido y en ocasiones lo odiaba tanto que solo podía desearle lo peor. Detesto esa parte de mí; amor y odio. En realidad los drogadictos son así, un día te aman y al otro te odian, y es normal. Pero yo había vivido toda mi vida sintiendo así. Las personas pasaban por una frágil inspección mental donde yo los categorizaba si los odiaría o los amaría y en esta rara secuencia no existía un fiscal que filtrase la escoria realmente. Yo elegía según conveniencia, y los rostros bonitos también hacen crueldades. Creo que lo digo más por mí que por él. De todos modos, como dije, odiaba esa parte de mí. Luego comencé a necesitar las pastillas de nuevo porque volvía todo lo que realmente era sin Giuliano. Y lo cierto es que Giuliano además de ser un imbécil, no era culpable del cableado estúpido de mi cerebro. Al final siempre odiaba tanto que lastimaba a alguien, a veces lastimaba a alguien que no odiaba, a veces amaba con una pasión enferma y pensaba que la reciprocidad en este tipo de amores era vital, no me sucedió, pero creo que si alguien me hubiera amado con la misma intensidad que yo amé al mundo, con la misma maña, a esa persona no la consideraría alguien que me amaba, lo consideraría un enemigo. Pero las cosas más importantes en esta vida no se encontraban allí donde pudiese descubrirlo mi recelo y mi sentir, ni tampoco se encontraba en mis adicciones, ni en mis relaciones personales, en realidad todo aquel momento fue un trago amargo del bar, lo previo a que alguna vez concluyera en lo que sucedió al final y el antecedente que luego hizo que siguiera adelante, como todo en la vida. Solo puedo decir que pararse y seguir de pie por inercia no es lo mismo que verdaderamente pasar pagina. Pasar página es pasar a otro asunto, seguir de pie por inercia en realidad jamás curó a nadie de ninguna de sus heridas, al contrario, solo hacía que las arrastre. Creo firmemente que en todo este libro me verán caer y levantarme tantas veces que uno pretendería que aprendiese a tomar las decisiones correctas. Sin embargo el mundo no me había vuelto más sabia con más tropiezos y más caídas, me volvía más sabia mientras más me tocaba las heridas, mientras buscaba que sangre las venas pero que de ella vierta realmente la única verdad. Y esa verdad, para algunos toman años, y para mí este libro. Mi vida no ha terminado, y supongo que mis decisiones jamás lo harán, pero ahora sé que no puedes tener las dos cosas, que no puedes saborear el arte de la vida cuando en tu mente solo cabe una sola cosa, lo que para mí en ese momento era mi adicción, era aquello que me alejaba de ver las cosas en perspectiva. Puedes caminar en una escalinata y ver la diferencia que hay entre pisar el suelo y la tierra y cómo de fácil es dar un mal paso y caer al total abismo del vacío intermitente, y había descubierto que con cada paso yo me iba al abismo. Y la vida que yo quería tampoco era pisar tierra firme y decidirme por ella, sino que la vida sucedía en ese breve e intangible borde que diferencia un lado del otro. Yo solía vivir en una cárcel que me la había construido sola, a sabiendas de que tenía yo misma las llaves, pero estaba recostada cómodamente entre los barrotes. Es muy fácil vivir cómodamente en la miseria, nadie lo dice ni lo admite, lo realmente difícil es salir de ella sin distracciones.
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