Miré una vez más su rostro. Ya lo sentía, volviendo a un más en el pasado, sus viajes sin sentido y sus reuniones a media noche. No pedía explicaciones, ya me había rendido y me había entregado a alguien más. Así comenzó aún más mi lazo con Helena. Un día solo me derrumbé y lloré como niña pequeña. —Creo que Joaquín me es infiel, Helena.—Le dije mientras me hundía en su pecho. Con cuidado pasaba sus manos sobre mi cabello y me imploraba la calma. —¿Cómo lo sabes? —Simplemente lo sé Helena, lo siento en mi ser y es que tiene sentido. Siempre está viajando muy lejos sin dar explicaciones, perdiéndose horas y horas sin responder mi celular, y cada vez que vuelve a casa huele distinto. Él está distinto.—Repetía una y otra vez. —Todo estará bien...—Insistía ella. De un momento a otro n

