NARRA HOPE
2018
...Meses anteriores al accidente automovilístico...
Había conocido la versión de Gonzalo que quizás Charlotte nunca vería, aquella llena de ilusión y pasión por la vida.
Conocí al Gonzalo lleno de expectativas y con ganas de comerse el mundo. Aquel chico que estaba siempre tras un libro, hundiéndose en un mundo solo de él.
Había conocido muchas cosas increíbles de él, pero eso me llevó a su vez a conocer todo lo malo que traía estar enamorada de Gonzalo Jones.
Tenía 15 años cuando comencé a salir con Gonzalo, un chico delgado y deseado por varias niñas del instituto. Era alto y aparentaba mucha más edad de la que tenía.
Gonzalo tenía 17 años, no le faltaba mucho para terminar el instituto y luego marcharse de la ciudad. Así lo querían sus padres.
Estar lejos de ellos y centrarse solo en estudiar era el plan, pero Joaquín y Ruby desconocían por mucho a su hijo.
Aquella libertad hacia Gonzalo daría muchos problemas, su etapa de rebeldía y autoridad estaba estallando aún más, rompiendo reglas, escapándose, mintiendo.
Muchas veces me mintió, éramos jóvenes, eso es cierto, y quizás desde un principio ya sabía que seríamos solo un instante y no un futuro.
Deseaba más, deseaba toda una vida junto a él, pero sabía que Gonzalo solo sería mío por un corto lapso de tiempo.
Un año de relación, lleno de lágrimas, problemas, decisiones y malas acciones que nos llevaron a alejarnos para siempre.
Mi primer amor y mi primer ruptura; jamás había sentido algo así, realmente sufrí lo que era tener el corazón roto, te llenas de lágrimas y los recuerdos te inundan. Y solo te aferras a los buenos recuerdos aunque hayan sido pocos.
Esa había sido la versión de Gonzalo que me tocó conocer y vivir, aferrada a un cambio y un poco más de amor.
No sabíamos nada del amor, quizás ese fue el mayor problema.
Pensé que el amor era capaz de cambiarlo, pensé que el amor se lloraba, se sufría. Aún con 17 años y solo dos años siguiente a ese primer corazón roto, no tenía una definición exacta para aquello que llamaban amor.
El amor era por mucho un acto muy cruel, disfrazado de ilusiones que eran arrebatadas de la noche a la mañana.
Había vivido muchas con Gonzalo, un año había sido para mí, toda una vida.
Aún recuerdo aquella despedida; se marchaba de la ciudad y no pudo mirarme a la cara. Habían pasado dos meses desde nuestra ruptura y no sabíamos si nos volveríamos a ver.
Lo miré desde la ventana, ropa deportiva color gris, cabello desordenado y un cigarrillo en su boca. Lo recuerdo tanto que podría distinguir el olor de ese último cigarrillo, mezclado con césped recién cortado.
Sabía que lo miraba, mantuvo su mirada firme ante mi, sin inmutarse. Lanzó aquella colilla del último cigarrillo que vería que fumaría y sonrió de lado.
Tomó su celular y escribió, segundos después mi teléfono recibía un mensaje.
Era él. Claro que era él.
—Perdón por no saber hacer que funcione. No sé un carajo del amor, espero saberlo cuando vuelva a verte. Ojalá el tiempo juegue a mi favor y no sea demasiado tarde luego de arruinarlo tanto.
Dejé caer una lágrima y me aproximé a aquella ventana. Ya no estaba.
Se había ido de la ciudad. Se había ido mi primer y mayor amor, Gonzalo.