Íbamos todos en silencio, María quién estaba al lado de Juan:no movía un solo músculo,su mirada estaba fija en la ventana.Yo miré a Juan,quien lanzaba miradas fugaces a María. En ese trayecto silencioso, comencé a pensar en muchas cosas: primero nunca me había percatado de los sentimientos de Juan hacia mi, el segundo lugar; me sentía un poco extraño con esta nueva relación que tenía con Edward. Lo miré por el rabillo del ojo, se ve bastante distante de nosotros: como si tuviera su cabeza en una tierra que no pudiera alcanzar. Decidí dejar de prestarle atención enfocarme en mis dedos: siempre que por alguna razón estaba nerviosa me los pellizcaba. La mano de Edward tomó la mía, lo miré algo confundida y este hablo: —No quiero que te lastimes. —Oh... tienes razón. Lo bueno de ser Duqu

