Ella se ruboriza, recordando cómo lo miró sin camisa. —Eso no significa nada —contesta, alzando la voz—. Solo eres… atractivo. Pero no te quiero. Y tú menos a mí. Si tantas ganas tienes, busca a tu noviecita Aria. Maximus se detiene a un paso de ella. Su rostro se endurece al oír el nombre de su novia. —¡Aria no tiene nada que ver con esto! —gruñe—. Esto es negocio. Un heredero, y se acaba. Así cada quien continúa con su maldita vida. —¿Negocio? —Rosie suelta una risa nerviosa—. ¿Y si no quiero? ¿Me vas a obligar? —lo mira desafiante. Él la mira, y por un momento, hay duda en sus ojos. Pero luego, algo se rompe. Se acerca más, y antes de que ella pueda hablar, la calla con un beso. Sus labios chocan contra los de ella, duros al principio, como si estuviera enojado. Rosie se congela,

