CAPITULO 01

2108 Palabras
Viernes...... Desperté de repente en la madrugada plenamente conciente, miré el reloj al lado de la cama y gruñí al ver que no eran más que las doce de la madrugada, encendí la luz de la lámpara y me recosté en la almohada con la mirada fija en el techo. Me esforcé por leer la carta unas diez veces o quizás fueron más, lo hice de izquierda a derecha y frase por frase. Siempre me sentí afortunada por llevar una vida tranquila y feliz junto a mí esposo pues me había casado llena de ilusiones con Erick a los veintidós, claro que él era mayor que yo por tres años pero para ese entonces podía jurar que hasta veríamos crecer a nuestros nietos y finalmente moriría a su lado. En trece años de matrimonio nuestra relación fue sólida, era un esposo amoroso, detallista y sobretodo era buen padre, tuvimos tres preciosos hijos.. Somos una familia unida «Bueno lo eramos» Ya ni se que pensar. No puedo creer lo ingenua que fuí, ví las señales desde hace mucho y preferí hacerme de la vista gorda. — !Mamá! — Mi hijo mayor, Owen llama a mí puerta, pero estoy tan concentrada en mis pensamientos que no respondí a su llamado. — ¡Mamá! — Volvió a llamar. — ¿Que pasa? — Respondí con un tono impaciente y sufrido. — Son las siete de la mañana y no te has levantado ¿Te sucede algo? — Era un adolescente en pleno crecimiento y los matices suaves de su voz estaban cambiando a un tono más grave. — ¿Que? — Eso era imposible, no hace mucho era media noche. ¿Tan rápido han pasado las horas? Y como si estuviese en piloto automático me levanté para comenzar el día, los niños debían ir al colegio y yo pues debía comenzar mí día a día cómo encargada del hogar. «Doy asco» Cuándo Erick me sugirió amablemente quedarme en nuestra casa para criar a nuestros hijos, no lo ví mal pensé que nadie más podría educar mejor a mis hijos que yo, igual era muy afortunada y no podía quejarme pues con Erick nunca me faltaría nada. — Mami, ¿dónde guardaste mí maqueta del sistema solar? — Preguntó Charlotte mientras guardaba su merienda en la lonchera, era la hija del medio y la más sensata, hace poco menos de un año se había quitado el hábito de comer carne pensé que sería un interés pasajero pero hasta ahora no había notado en ella ansias por cambiar de parecer. — Está en el armario del fondo hija. — ¡Ma! Después de las prácticas de hoy, los chicos y yo iremos a comer pizza, la madre de Andy irá, así que no debes preocuparte. — Asentí sin preguntar demás, el béisbol era una de las aficiones que habia cultivado Erick en Owen desde que tenía tres años, al principio estuvo muy atento y pendiente de todo pero después de un tiempo todo el trabajo recayó sobre mí y bueno... Es agotador, para ser sincera, Owen es un niño un tanto peculiar, el béisbol era lo único que le interesaba, hasta hace unas semanas que descubrí lo muy interesado que está en el sexo opuesto. Lo pillé masturbándose en la ducha y encontré fotos de su niñera en uno de sus cajones, algo que me abrumó por completo, no sabía que hacer o decir.. Considero que ésto era un asunto de varones y tenía pensado dejarle éste tema a su padre cuándo regresara de viaje pero por cómo pintan las cosas no lo creo posible. — Terminé de organizar mí mañana en silencio, llevé a los niños al colegio y a mí pequeña Leanna, mí hija menor, la dejé en el Kínder. El silencio no era algo espontáneo en mí, yo era más una persona habladora, recuerdo que en una ocasión Erick mencionó algo al respecto. « En serio Aretha» ¿Es que nunca puedes cerrar la boca? Fue un comentario impropio de su parte pero en ese momento se lo atribuí al cansancio, sin imaginarme todo lo que sucedía a mis espaldas. Ahora que mis ojos fueron abiertos a través de está carta me estába sintiendo tan..., ¿Cómo decirlo? Descentrada. Si, eso era. Yo era una mujer centrada y estába orgullosa de mí capacidad para organizarme y hacer que todo funcionará tal cómo debía ser, podía afirmar que mí vida cotidiana era cómo un enorme rompecabeza y éste se componía de piezas diminutas que encajaban a la perfección. « Falta más leche en la nevera» «Owen necesita un nuevo corte de cabello» « Erick tiene cita con el oftalmólogo» « Quién cuidara de Lea el sábado durante las clases de natación de Charlotte» Sabía a la perfectamente dónde encajaba cada pieza en mí vida y dónde había que ponerla, pero ahora gracias a la carta me dí cuenta que soy la típica madre del conjunto residencial... La que nunca habla de sus problemas pues no hace más que sonreír, la que siempre puede con todo y sabe que responder en las situaciones incómodas, pero lo más chistoso de todo es que también soy esa ama de casa a la que su maldito marido lleva años engañandola con otra mujer que de seguro es más joven y bonita que yo. La sensación de agobio me dificulta concentrarme en lo que estoy haciendo así que me levanté para cambiar mi taza de café por una de vino. Que era lo que iba hacer, no podía cerrar la carta y fingir que nada pasó, la sensación latente de fragilidad no se marchó de mí, era bastante consciente de que aquella vida normal que creí tener se había esfumado en el momento que decidí abrir la fulana carta, ahora nada de lo que hiciera podría cambiar las cosas. Unos golpes insistentes en mí puerta me hicieron olvidar mi situación por un par de minutos. — ¡Ya voy! — Digo mientras me dirijo a la puerta, nuevamente tuve esa sensación de haber perdido completamente la noción del tiempo. — ¡Un momento carambas! — Grité.— — ¡Ay, gracias al cielo! Estás viva, me preocupe mucho cuándo no te ví ésta mañana en clases de pilates. ¿Que sucedió? ¿Estás enferma? Traje algo de sopa para tí. — Era mí amiga Madison. Habíamos ido juntas en el colegio y fuimos inseparables hasta llegar a la universidad, sólo que yo abandoné mis estudios en el momento que decidí casarme. Ella por el contrario, si continúo y ahora tenía un excelente trabajo en una de las cadenas de hoteles más respetables en todo el país, también era madre soltera pues se divorcio hace tres años. Debo admitir que en secreto siempre la critiqué por dejar al padre de su hijo, pero ahora comprendo que uno no entiende las batallas de otras personas hasta que le toca vivirlas en crudo. — Estoy bien Madison, sólo me siento un poco cansada. — Sus enormes ojos castaños me estudiaron, al parecer no se lo creyó. — ¿Que te sucede Ari, seguro que todo está bien.? — Pasó su vista por la botella de vino que accidentalmente dejé en la mesita del salón. Ni siquiera tenía pensado mencionar la carta, era un tema inapropiado y tan personal que no seria capaz de mencionarlo, pero mis labios fueron más rápidos que mí mente y comenzaron a soltar toda la verdad de lo estába sucediendo. Sólo veía la expresión indignada en el rostro de Madison, no se burló de mí, ni me echó en cara lo tonta y confiada que he sido con Erick durante éstos años, simplemente se quedó ahí conmigo escuchando cada palabra, después de un rato ya estábamos compartiendo el vino. — No puedo creer que me he sacrificado por nada... — Exclamé con pesar. — Eso no es cierto y lo sabes. — Me consoló. — ¿Que es lo que voy hacer? Mi vida es una mentira... — Suspiró y colocó su copa en la mesa. — Cómo que: ¿que vas hacer? Vas a dejarlo en la calle... ¡Eso es obvio! tomarás las acciones legales de su empresa y le darás su merecido. — Sus ojos adquirieron ese brillo extraño, cómo cuándo éramos jóvenes y me convencía de hacer una locura. — Ni siquiera sé nada sobre sus negocios o su trabajo cómo tomaré algo que ni siquiera se de dónde salió. — Respondí. — Es por eso que regresaras está carta a su caja fuerte, tal como estába y no le dirás absolutamente nada a Erick. Hasta descubrir todos sus secretos y cuándo eso suceda darás la estocada final. — La miré con la boca abierta, Madison siempre ha sido una mujer fuerte y audaz pero ésta no era una novela turca que consigues en los canales de paga, se trata de la vida real. — No estoy segura Mad... — Ella suspiró profusamente. — Ari. ¿Recuerdas cuando murió mi mamá? — Por supuesto que lo recuerdo. — Tomé su mano, recordando que fue ese acontecimiento lamentable el que nos unió más. — Todos llegaban a decirme que podía contar con ellos para lo que necesitara, pero sólo se fueron en el primer instante que pudieron, entonces llegaste tú... — "Con cuatro sandwich de tomate, cebolla y pepinillos" — Repetimos al mismo tiempo y sonriendo mientras se formaba entre nosotras un recuerdo triste de aquella época. — Era justo lo que necesitaba Aretha... Alguien que "Estuviera" y se quedara. — Negué mientras salían mis lágrimas. — No es lo mismo nadie murió. — Contesté. — Por supuesto que alguien murió... Ese esposo abnegado, responsable y amoroso que cuidaba de su familia al estilo: "Yo soy el Macho, el cabecilla del hogar porqué es mí trabajo" Ese hombre perfecto murió... Porqué en realidad Aretha, nunca existió. — Hubo un silencio largo mientras sonaba mí nariz y limpiaba mis lágrimas... — Entonces... ¿Que tengo que hacer?. — Sonrió apenas escuchó las palabras salir de mí boca. — Después planearemos que hacer, ahora tengo una mejor terapia para tí. Se exactamente lo que necesitas.. — Tomó mí brazo y me condujo hacía mí habitación. — ¿Qué es lo que estás pensando Madison?, los niños ya deben estar por llegar. — Le reclamé un poco enojada al mirar cómo revisa mí closet negando con su cabeza. — No, hoy no hay niños... Ten. — Me lanza el teléfono encima. — Llama a la niñera, ésta noche debo asistir a un evento en el hotel dónde trabajo y tú serás mí acompañante. — ¿¿¿Que??? Por supuesto que no.. No puedo dejar a mis hijos solos. — Intenté levantarme para salir de la habitación pero Madison me empujó. — No dejaras a tus hijos solos, estarán con la niñera y claro que sí irás... Disfrutaras de la vida por primera vez en mucho tiempo. — No seguiré con está conversación me quedaré en "mí casa dónde es mí lu...." — Me quedé en silencio al darme cuenta la frase «sexista» que estába apunto de completar. Una frase que hundió a nuestro género durante años y por la cuál muchas mujeres habían luchado contra tanto prejuicios para salir adelante y aquí estaba yo como idiota a punto de repetirla. — ¡Vamos! termina de decirlo. — Me animó Madison con una expresión de decepción. — Hice un gesto en negación. — Está bien ¡Joder! iremos pero tendrás que prestarme algo de ropa. — Asintió de manera satisfactoria, la expresión de su rostro era cómo la de alguien que había ganado la lotería. Horas después me encontraba mirándo mí reflejo al espejo, la mujer que me saludaba no se parecía en nada a lo que yo era, tomé mí teléfono y comencé a marcar de nuevo el número de mí casa para saber que mis hijos están bien. — Ya basta cariño. — Ellos están bien. Es la quinta llamada en menos de una hora, estás obsesionandote por algo que sucede a kilómetros de aquí y te vas a perder todas las cosas buenas que sucederán a tu alrededor. — Tomó el móvil y lo guardo en la pequeña bolsa que me había prestado. — Considerarlo cómo una intervención. — Suspiré y dejé de pensar en los sucesos de las últimas veinticuatro horas, no salía a un cóctel desde antes de tener a Lea y eso fue hace más de cinco años. Tal vez Madison tenga razón y ésto es justo lo que necesito ahora, un par de copas, bailar y distraerme un poco con gente desconocida. ¿Que otra cosa puede suceder?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR